Posiblemente cada uno de nosotros tenemos muchas cosas que agradecer a Dios por tantas bendiciones recibidas durante los doce meses del año que concluyó. Amor, armonía, salud y prosperidad nos rodean, pero todo el confort personal se ve nublado por las noticias sobre lo que acontece allende las fronteras, en aquel pedacito de tierra donde nacimos y que independientemente de donde vivamos, lo llevamos muy dentro del corazón, nuestra amada Nicaragua.
Impotencia, amargura y dolor causa a quienes desde lejos observamos lo que está pasando. La población campesina de varios sectores de Nicaragua, masacrada por oponerse a ser despojada de sus tierras para la construcción de un Canal, que desde su inicio, como todo lo que hace el gobierno inconstitucional de Daniel Ortega, es ilegal y destructivo para la nación, desmintiendo la afirmación de nuestro himno nacional al volver a teñir de sangre de hermanos el pendón bicolor de la patria.
El totalitarismo del dictador Ortega muestra su peor cara con identidad delincuencial y la sangre que se derrama sigue siendo del desvalido, que defiende su heredad hasta con la vida; por su parte los políticos criollos, cuyas organizaciones están plenamente desprestigiadas, se atreven a manosear la lucha legítima de la gente tratando de darle matices partidarios. Hasta cuando van a entender que dan lástima y vergüenza.
El asunto del canal es eminentemente grave, a tal punto que pareciera que la legislación fue dictada por chinos y no por nicaragüenses. La Ley 840 es poner las riquezas naturales que Dios nos dio, en manos de extraños que no tendrán misericordia para destruirlas sin importar el desastre ambiental que provoque. La excepción de impuestos por parte de la administración del Canal es otra gran atadura además de la expropiación en cualquier punto del país para subproyectos, que no serán una decisión de nacionales sino de chinos. Algunos albergan la esperanza de los réditos económicos a favor de quienes laboren en él, sin embargo Nicaragua no tiene la capacidad técnica para ofrecer, por lo que se deduce que los cargos importantes serán ocupados por chinos.
Por otro lado. Hace algunos días Daniel Ortega ordena a un juez que libere a los criminales confesos y condenados por la Masacre de El Carrizo, municipio de Cusmapa, crimen tipificado según el Código Penal vigente como “asesinato con ensañamiento”, donde dieron muerte a un padre y sus dos hijos con lujo de violencia y ante infinidad de testigos.
Todos estos hechos descarados tienen a la población sumida en la más grande desesperanza. ¿A quién acudir? No hay una sola cabeza visible que no está contaminada con el sello de Ortega, algunos conscientes y otros sometidos pero todos girando alrededor del eje putrefacto del dictador.
Es increíble la desfachatez no solo de Ortega sino de todos quienes de una u otra forma son cómplices de sus desmanes: Policía, Ejército, Corte Suprema, Asamblea Nacional y el no menos importante pero tristemente célebre Consejo Supremo Electoral. Todos los poderes del Estado al unísono dan de bofetadas a la justicia, al Estado de derecho y a la libertad. Pero bien lo dijo Rubén Darío en su Oda a Roosevelt: “Y pues contáis con todo… falta una cosa… Dios”.
La autora es periodista y escritora nicaragüense.