Se ha cerrado el telón de 2014 y los acontecimientos que le acompañaron muestran que no todo ha sido fácil, a pesar de los aspectos positivos. Según la última encuesta de M&R Consultores 75.3 por ciento de los nicaragüenses ven con optimismo el 2015. El 43.4 por ciento de los nicas consideran que el balance es positivo. El nivel de esperanza es compartido por diferentes estratos de la sociedad nicaragüense. Por su parte dos de cada diez consideran que el futuro económico del país es incierto. La caída de los precios del crudo ha beneficiado a economías consumidoras como la nicaragüense. Aunque con esto se pone en riesgo la cooperación venezolana.
La construcción del Canal ha sido un ruidoso oleaje sobre todos los nicaragüenses. Se distinguen entre los escépticos, los anticanal, los procanal y los indiferentes. Uno de los motivos de esta situación ha sido la escasa información sobre los aspectos de la rentabilidad económica, viabilidad financiera, el impacto ambiental, los asuntos de la soberanía y no menos los de la gente que tiene propiedades en el área del proyecto. Para el 29.8 por ciento de la gente, el proyecto del Gran Canal Interoceánico fue el evento más significativo del 2014 en Nicaragua.
La economía crecerá por encima del cuatro por ciento (4. 5 por ciento según Cepal) y eso no debe subestimarse, más aún cuando muchos países no terminan de recuperarse de los coletazos de la crisis. Sin embargo, el reto es que el crecimiento se convierta en prosperidad para la mayoría de la gente y dé margen para disminuir la pobreza. Pero ¿qué pueden mostrarnos las cifras?
En 2014 las exportaciones crecieron un 7.1 por ciento llegando hasta US$$2,746 millones; cifra que no superó el valor histórico exportado en 2012, consecuencia de la caída de algunos precios. El dinamismo exportador ha venido reduciendo el déficit comercial, aunque este es todavía muy elevado, en 2013 cerró con US$$3,248 millones. De enero a octubre del 2014, el déficit se redujo en US$$79 millones menos que en 2013. Además, seguimos dependiendo de cuatro o cinco productos los que constituyen cerca del ochenta por ciento de los ingresos. El gran desafío continúa siendo la innovación, el agregar valor a la producción y la diversificación tanto de productos como de mercados. Estamos obligados a estimular la demanda interna y promover las inversiones.
Las reservas internacionales brutas (RIB) se fortalecieron en 283 millones más que en el 2013, (cuando alcanzaron US$$1,993 millones), cerrando con US$$2,276.2 millones. En los últimos siete años Nicaragua ha recibido en inversión extranjera directa US$$5,700 millones. Empero, la deuda externa constituía al tercer trimestre de 2014 el 85.9 por ciento del PIB. De esa cifra 45.9 por ciento era privada y el 39.9 por ciento era deuda pública.
Nicaragua ha cambiado de manera drástica la matriz energética. El año que concluyó señala que 52 por ciento de la energía se genera por fuentes renovables, mientras que el 48 por ciento continúa necesitando del búnker, un derivado fósil. Algo fundamental aquí reside en reducir el costo de la energía, de tal forma que no sea tan caro producir en el país y se beneficie a la gente.
Nicaragua ha logrado reducir también en los últimos siete años los niveles de pobreza general en 7.8 por ciento y extrema en 7.7 por ciento. Según datos de la Fundación para el Desarrollo Económico Global (Fideg), en 2005 la pobreza general era el flagelo del 48.3 por ciento de la población, y en el 2013 se había disminuido a 40.4 por ciento. Por su parte la pobreza extrema se movía en el mismo periodo de 17.2 a 9.5 por ciento. Mientras tanto, la tasa de desempleo de la población económicamente activa se había reducido de 4.7 por ciento en 2009 a 3.6 por ciento en 2013. Es innegable que sin crecimiento sería más difícil reducir los niveles de pobreza y del desempleo.
Conseguir un futuro promisorio para la mayoría y lograr el objetivo de un desarrollo sostenible obliga a tomar en serio algunos desafíos que deben estar en la agenda del 2015: disminuir el ritmo creciente de las manifestaciones, las quejas, lograr consensos más sólidos y duraderos que mejoren la seguridad ciudadana y propicien las posibilidades de desarrollo del país. Fortalecer las instituciones de tal manera que la gente confíe más en ellas, olvidar este factor ha hecho que fracasen muchos países en el mundo. En 2014 ocupamos la posición 133 en el ranking de Transparencia Internacional y el último lugar en Centroamérica. Las instituciones son para el desarrollo, lo que el riesgo son a las innovaciones; si no nos reinventamos no creceremos de forma inclusiva y no habrá desarrollo.
La violencia contra las mujeres y los niños, y los que reclaman sus derechos, no abona a una sociedad compartida y en armonía. Ello fomenta la ingobernabilidad y no promueve el acceso a la justicia en igualdad de condiciones. Se debe convertir de quimera en realidad las libertades y los derechos básicos de la gente.
Debe también tenerse presente que las cuestiones éticas no son ajenas al desarrollo, sino un complemento insustituible. La riqueza no es una cosa solamente privada, ni la pobreza debe ser solo una cuestión pública, ambas tienen que ver cómo se gestiona el crecimiento, si en función de la felicidad de la gente o de su martirio. En un mundo incierto hay que prepararse con instrumentos alternativos y no seguir haciendo lo mismo.
El autor es profesor de economía UNAN-Managua.
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