Nadie sabe lo que 2015 depara a Nicaragua, pero se puede anticipar que ciertos temas serán muy importantes, como la anunciada construcción de un monumental Canal Interoceánico, la abierta represión de los Ortega-Murillo, la ciudadanía y la oposición, la economía , relacionados entre sí.
El sistema político impuesto a partir de 2007 enfrenta desafíos extraordinarios, contrario a lo que ellos proclaman, con sus debilidades expuestas en un contexto que no asegura estabilidad para la paz y el progreso. La anunciada megaobra canalera ha colocado a la pareja presidencial al borde de su consolidación y posibilidades dinásticas, o a un empujón de su estrepitoso derrumbe. Así lo demuestra la manera en que se concibió e implementa, bajo la bota dictatorial y arbitraria, pretendiendo aplastar las voces de los afectados y ahogar las de quienes denuncian su ilegalidad y destrucción de recursos naturales.
Así las cosas, podremos ver la cuerda canalera cada vez más tensa. El régimen no parpadea para reprimir con brutalidad. Golpean, encarcelan y secuestran porque los atemoriza una mayor reacción de la población. Se aplica la frase de Eric Hoffer (1902-1983), “Usted puede descubrir a qué le tiene más miedo su enemigo, observando los métodos que él usa para asustarlo”. Es de esperar que el creciente temor los impulse a mayores atropellos, pues les urge el control total.
Siendo que la represión de El Carmen —que tiende a desbordarse— ha encendido ánimos campesinos, repitiendo su error de los años ochenta y como algunos grupos opositores no se han amedrentado sino que los retan, y otros parecen despertar, la mecha pudiera calentarse. Una alianza opositora fundamentada en un plan coherente, no debería demorar, pues si la construcción del Canal es la mayor fortaleza para el orteguismo, también es —precisamente— su mayor debilidad. Pocas cosas son tan frágiles como grandes obras que inician bajo protestas y, como se dice, nada más nervioso que un millón de dólares. En este caso más de 50,000 millones.
Además de imponerse a sangre y fuego cuando lo crean necesario, si no concretan los millares de empleos prometidos, con elecciones cercanas le será esencial al orteguismo mantener la ilusión de mejoría social, aumentar el asistencialismo y una agenda mediática rebosante de trivialidades. Luces y símbolos, más árboles de acero pintados de amarillo, fiestas futbolísticas, circos, carnavales, conciertos, manoseo religioso, visitas de extraños personajes, estarían a la orden del día.
Merece destacarse que el orteguismo augura un crecimiento económico del 4 por ciento, lo que en realidad es una derrota. El documento del Incae, Qué ocurrió con Nicaragua, por A. J. Cruz Sequeira (http://conocimiento.incae.edu/ES/centros-academicos-investigacion/pdfs/Que_ocurrio_con_Nicaragua.pdf), indica que de 1971 a 1978 y a pesar del devastador terremoto de 1972 en Managua con pérdidas de 2,000 millones de dólares, y los Somoza incluidos, el crecimiento promedio superaba el 6 por ciento.
Algunos economistas han señalado que crecer 4 por ciento no es resultado de habilidades financieras, sino de las remesas de los nicaragüenses en el exterior, (2014 espera un cierre de más de 1,153 millones, cercano al cincuenta por ciento de las exportaciones) y que sin estas la pobreza sería 2 por ciento mayor.
La dictadura de los Somoza sucumbió a pesar de un crecimiento superior. La economía no fue la razón de su derrota, sino que los nicaragüenses se hartaron de la soberbia del poder, la corrupción, falta de democracia y la represión, ruta probada hacia el colapso. A los Ortega-Murillo, como a Somoza en sus días, no les importa. Por eso recorren el mismo camino. Así, entre otros asuntos, ingresamos al 2015. Un año crítico para el país.
El autor es periodista
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