Cuando somos jóvenes hay un elemento que forma parte de la educación no formal que recibimos: el ejemplo que te ofrecen tus padres, hermanos, familiares, amigos de la familia, funcionarios, muchas personas más Y, quizá más importante que el ejemplo en el aula, es la propia vida del maestro fuera del aula, sobre todo cuando uno tiene oportunidad de conocer al maestro como persona común y corriente.
Ser ejemplo de educación informal es difícil Y los maestros ni cuenta se dan de esta tarea que cumplen, quizá más difícil que la propia tarea del aula. Ser maestro es una tarea complicada. Pocos se dan cuenta de esta responsabilidad que se sigue cumpliendo aún fuera de la escuela y que es tan importante como lo que hacen en la escuela misma. Esa conducta persiste en la mente del alumno por años y años. Tengo recuerdos infantiles y juveniles de maestros que me impresionaban con su forma de vestir, sus expresiones atinadas y sabias, el trato con sus colegas, los libros que cargaban, el tono de su voz, hasta su forma de sentarse, en fin, su vida misma. Son como modelos que guardo en mi mente y ante las que, cotidianamente, aún inconscientemente, voy a “rezar” para utilizar esos ejemplos de vida.
Esos maestros que han sido modelos en mi vida, seis, diez, no sé; me han marcado de manera indeleble. Y el componente de esta tarea inconsciente del maestro, es su vida misma, su calidad como padres, como ciudadanos. Con el tiempo algunos cayeron del pedestal en que los tenía. Otros han subido de categoría al encontrar en ellos nuevos valores que no pudieron mostrarme en el aula.
Como dije, pocos maestros saben, o se dan cuenta de esta tarea. Yo soy maestro y puedo asegurar que, ninguna escuela de educación me enseñó esa enorme, difícil y constante responsabilidad.
En estos “dorados” tiempos de la educación en que los maestros de la educación formal y no formal han venido a menos ¡es cierto!, en que el maestro, el de la escuela y el de la casa, con rarísimas excepciones, no es ejemplo como persona, la sociedad llora esa pérdida de valores morales, cívicos, personales y colectivos. Un presidente ilegal, un magistrado o un alcalde corruptos, un ministro incapaz, un juez inepto y corruptible, un policía “mordedor” o “abusivo”, son maestros nocivos que conducen nuestra educación informal ¡Y esos ejemplos son tantos que encontrar la antítesis! Los buenos ejemplos ¡vale la pena aplaudirlos!
¡Y es que hay maestros de la maldad, de lo nocivo, malos ciudadanos que insisten en “enseñarnos” el camino perverso del mal y la perfidia del robo, de la venta de valores, los hay muchos y los tenemos en actual y potente ejercicio. ¡Y su ejemplo personal como ciudadanos, como padres, o madres, tiene más incidencia que los maestros buenos, ejemplos del bien y la decencia y la responsabilidad social!
Por eso, el día de hoy, recuerdo a alguien que, después de que ha bregado tantos años como un excelente maestro, pero sobre todo como un eterno y constante ejemplo de maestro de tiempo completo en el aula y en su vida privada, en educación formal y en educación no formal, lo recuerdo con cariño y lealtad, lo aplaudo frenético y levanto la pequeña estatua mental que tengo de ese maestro, así con mayúsculas. Recuerdo con especial aprecio y constante y creciente respeto a Guillermo Rothschuh Tablada, ejemplo para la vida de muchos, en su Goyena, en su Juigalpa, en su poesía, en su Nicaragua.
¡Felicidades maestro por la reciente celebración de su ticinco cumpleaños! Dios lo bendiga.
El autor es maestro.
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