Hace semanas me invitaron a un mitin político al cual no pensaba asistir porque el amor sin acción es un discurso político y tengo tiempo sin oír discursos ni ver acciones, pero ante la insistencia de mi anfitrión que debutaría de manera oficial en las tablas políticas asistí con cierta morbosidad literaria.
Una vez en el punto me invadió una vergüenza ajena y por un momento ansioso decidí regresar a mi vehículo pero ya era muy tarde, un aventajado político me daba palmaditas en el hombro esperando palmaditas de retorno, asegurándome que el rettcinto estaba a punto de estallar y que se vislumbraría la ansiada unidad nacional.
No obstante, escéptico hasta de mi asistencia, pude observar los típicos buses que transforman a las personas en ganados, la banda filarmónica para contagiar el ambiente, los infaltables niños, ancianos y la ruidosa barata.
Los asistentes fueron acomodándose, en la primera fila como si se tratase de un vuelo, había asientos de primera clase donde los “honorables” sentaban sus hermosos traseros en las ordinarias sillas, tal vez orgullosos del espacio que el destino les había deparado.
Los de la primera fila se ponían de pie al llamado de la barata mientras celebraban con una sonrisa de oreja a oreja su minuto de fama y los de la segunda fila denominados líderes de bases los vitoreaban.
Las cámaras venaderas no podían faltar en estos eventos y a veces interrumpían a los de la primera fila para una esporádica entrevista, que como actores de tablas daban con feliz algarabía para salir en la televisión, pero salir en la misma bajo esas condiciones parecía un acto deliberadamente ordinario.
Me acomodé en la última fila para pasar fantasmalmente inadvertido y ver el espectáculo con todo y extras incluido. Primero el anfitrión con un discurso nos dio la bienvenida de forma tan abstracta que solo arrancó algunos bostezos entre la asistencia que moribunda era reanimada por los chicheros.
Luego le tocó el turno a la juventud, un joven pálido y chirizo demandó que ya era el tiempo del relevo generacional y que no podían ser ocupados solo como pega papeletas durante las campañas electorales, luego subió la representación de la mujer democrática; mientras vociferaba, reafirmó el empoderamiento de la mujer y de las cuotas de poder que estas deberían devengar para acabar de una vez por todas con el maldito machismo.
Al final cerraron con el plato fuerte, esta vez le tocó a una e
specie de pequeño caudillo que pegaba unos alaridos y se atropellaba entre sus palabras que ya los asistentes ni se inmutaban ni con la ayuda de la música de fondo, solo unos niños en flagrante desobediencia correligionaria le gritaban desde su ingenua rebeldía “¡Señor termine, queremos el brindis, tenemos hambre!”
Los “discursos” vacíos y sin propuestas giraban en torno de la mano que baila el trompo, es como si Dios los crea y el diablo los junta en una suerte de escasa creatividad política con ansias locas de ser llamados elegibles en un reencuentro “por Nicaragua”.
“Me había llamado la atención la naturaleza incestuosa de la clase dirigente. Sandinistas y derechistas habían estudiado en las mismas escuelas y en su adolescencia habían salido juntos. De pronto daba la impresión de que volvían a salir juntos otra vez”. (Salman Rushdie)
Semanas después, mientras conducía, el encuentro fortuito con los rotonderos, en Managua, me trajo a la memoria el desafortunado evento acompañada de una reflexión que leí en algún lado: “Nadie te puede herir si tú no se lo permites, nadie te puede despojar de la dignidad si tú no se lo permites ”
Así el año 2014 se abrió y se cierra con pocas sorpresas como un paragua sobre la antigua y moderna Nicaragua y como si capituláramos ante un acto de realismo mágico algunos periodistas o usuarios en las redes sociales despachaban sus “chistes” acerca de la construcción del Canal para hacernos “reír” en conmemoración de San Inocencio, como si en Nicaragua no se celebrara a diario el día de los inocentes.
Empiezo a creer como Cortázar “que tratándose de Nicaragua la frontera entre ficción y realidad no está muy clara”.
El autor es escritor y abogado
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A