Querida Nicaragua: El abuso incalificable de haber hecho un contrato en el más absoluto secreto, entregando en el mismo lo que no le pertenece, coloca al señor don Daniel entre los presidentes más irresponsables del mundo. De repente, sin avisarle a nadie, como si no tuviera un compromiso sagrado con el pueblo aún a sabiendas de que su elección fue fraudulenta, aparece el señor en una de sus enfloradas tarimas anunciando el acontecimiento, lo que probablemente piense sea la permanencia vitalicia en el poder. Anuncia la decisión inconsulta de construir un Canal Interoceánico por Nicaragua. A simple vista un Canal Interoceánico siempre ha sido una especie de sueño largamente acariciado por Nicaragua, pero eso era cuando se pensaba en la facilidad de entrar por el río San Juan en Greytown por el Atlántico, seguir la ruta fácil del gran lago Cocibolca y luego abrir un pequeño trecho del puerto de la Virgen hacia el Pacífico. Es decir, la ruta del Comodoro Vanderbilt a mediados del siglo XIX. Esa era la idea que todos teníamos de un Canal Interoceánico por Nicaragua.
Estos tiempos son otros y el Canal que ahora se requiere es algo monstruoso. Un trecho de 280 kilómetros de largo por medio kilómetro de ancho y atravesando el lago Cocibolca.
El señor aparece con un ciudadano chino de quien se dice es promotor de empresas y que lleva el nombre de Wang Jing. Sin consultarle a nadie, don Daniel y el señor chino firman un contrato, donde el segundo tiene todas las ventajas, puede hacer lo que quiera en los territorios que él mismo escogerá para la ruta del Canal sin respetar las leyes de Nicaragua, ni obedecer a ningún organismo municipal, sin pagar impuesto alguno y sin pedir permiso.
No existen estudios de factibilidad, ni de riesgos ambientales, ni estudios financieros ni de mercado sobre el futuro desarrollo de un proyecto que están calculando en 40 mil millones de dólares. Algunos opinan que costará más de esta cantidad.
Un proyecto como este en un país que se respete y con un presidente que igualmente se respete, exigiría primero los estudios de factibilidad del caso, los de riesgos del ambiente, el plan de inversión y el origen del capital requerido. Consultaría con científicos entendidos en la materia y luego lanzaría la noticia en una conferencia para la prensa nacional e internacional, contestando todas las preguntas del caso.
El proyecto tendría que ir al Congreso para su estudio y probable aprobación y al final a un referéndum en el cual el pueblo diga la última palabra.
Eso hizo Panamá con el proyecto de ampliación del Canal, algo considerablemente menor que el proyecto del señor chino.
Aquí se han sembrado vientos y se están cosechando tempestades. La ruta del Canal pasa por centenares de pequeñas propiedades de campesinos que, según el Contrato o Ley 840, pueden ser declaradas de utilidad pública y pagadas a un precio no mayor que el catastral. Esto ha enfurecido a miles de campesinos y a la inmensa mayoría del pueblo que no quiere que conviertan el lago Cocibolca, nuestra mayor reserva acuífera, en un lodazal inservible. Extrañamente el mundo y los medios internacionales no parecen enterarse de los tranques, las protestas y la represión del Ejército y la Policía, las golpizas y prisiones en contra de los líderes que luchan por conservar sus tierras y su lago. En plena madrugada del 24 de diciembre, como un regalo de Navidad, Ejército, Policía y turbas danielistas asaltaron la posición de quienes reclaman sus derechos.
Fue el propio Fidel Castro, cuando vino a Nicaragua a celebrar el primer aniversario de la llamada revolución popular sandinista, quien dijo en su discurso: “Los pueblos estallan como los volcanes cuando ya no resisten las dictaduras”. Parece ser que nuestro pueblo ha comenzado a estallar.
El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la presidencia de la República en 2011.
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