Ante el abandono de sus familiares y la indiferencia de las autoridades decenas de ancianos, mujeres y hombres duermen en las aceras de la ciudad de Granada y sufren la crudeza de la calle por el abandono de los suyos.
En general estos padecen hambre y maltrato de la gente a pesar de la vejez de muchos de ellos. La indigencia pulula como algo normal en la zona del mercado, iglesias y calles adyacentes a la zona rosa de la ciudad colonial, pese a que es un atractivo turístico.
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