Querida Nicaragua: En uno de los libros de Giovanni Papini, cuyo título no recuerdo, hay un capítulo titulado Venta de Repúblicas. Y en uno de sus párrafos dice que “se vende la república de Nicaragua, 138 mil kilómetros cuadrados, produce bananos etc.” Aunque satírico el escrito aludido, no dejó de molestarme por el irrespeto a la dignidad de una nación democrática, legalmente constituida.
A mediados del siglo pasado se comentaba de un señor muy allegado a las familias Somoza García y Somoza Debayle, quienes le habían dado concesiones mineras o petroleras, con las que seguramente hizo algunos negocios. El señor en cuestión compró un título nobiliario en Europa y se hacía llamar Conde Jerónimo D’Escoto. Comparadas con las de ahora, aquellas concesiones no eran más que minucias insignificantes.
Hoy en día el señor chino Wang Jing es el escogido para recibir concesiones de toda clase de parte del señor don Daniel, quien al parecer cree ser el dueño de Nicaragua.
Hace años este señor chino recibió la concesión de instalar en Nicaragua una red de servicio telefónico que competiría con Movistar y Claro, que son las compañías que dominan el mercado nacional. El señor chino jamás inició trabajo alguno sobre ese proyecto, lo cual fue comentado largamente por los pocos medios independientes que quedan en el país.
En estos días y según publicación de la prestigiosa revista Forbes , el señor chino ha vendido la concesión que recibió de don Daniel, la ha vendido quien sabe en cuántos millones y ha hecho un negocio redondo vendiendo lo que le regalaron. ¿Habrá hecho el negocio él solo o tendrá un socio con el cual se reparte? No se sabe porque todo se maneja en un secretismo nunca antes visto, no hay información, nadie responde lo que el pueblo tiene derecho a saber.
Y luego de esto surge otra duda razonable. Si el señor chino fue capaz de negociar y vender una concesión telefónica, y si este mismo chino tiene un contrato concesional con el Gobierno de Nicaragua, que incluye tierras, lagos, ríos, playas, fincas, pueblos, villorrios, y si tiene además patente de corso para no pagar impuestos y para iniciar proyectos de cualquier clase sin el aval municipal, es decir si puede hacer y deshacer en cualquier sitio comprendido en la supuesta ruta del Canal, bien puede venderle a terceros estas concesiones sin que el pueblo de Nicaragua se entere siquiera.
Todo esto no es un juego de niños. Es un asunto sumamente serio donde la sátira de Papini se hizo realidad, ya que se está vendiendo la República de Nicaragua, nuestro país, el terruño donde nacimos y donde pensamos morir y ser sepultados. Por muy canal que sea y por mucho que prometa, este proyecto no puede ser decidido por un solo hombre, ni siquiera por una Asamblea Nacional si no es consultado mediante referéndum o plebiscito ante el pueblo nicaragüense.
Fue Sandino quien dijo que “la soberanía de un pueblo no se discute, se defiende con las armas en la mano”.
Por hacer esta mención alguien me llamó peyorativamente “sandinista”. Quiero decirle a ese alguien, que lo que hice fue respetar la historia, repetir hechos del pasado y que entre ellos está la sentencia de Sandino que vale la pena repetir: “La soberanía de un pueblo no se discute, se defiende con las armas en la mano”.
Aquellos que cabalgando sobre la gesta del héroe se apoderaron del poder, deberían ser los primeros en proclamar su antimperialismo de cualquier tipo, ya sea, yanqui, ruso o chino que es el que ahora parece amenazarnos. Sandino no era comunista, era liberal, nacionalista y demócrata. Por lo tanto no me avergüenza que cualquiera me quiera catalogar como sandinista.
Lo que tenemos hoy no es sandinismo, ni siquiera se le parece.
Hoy tenemos una dictadura orteguista con amagos de dinastía.
El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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