La desgracia que hoy le tocó a don Carlos Miguel Toruño no solo tiene que ver con que haya perdido el negocio de la ahumadora de quesos en el incendio ocurrido la tarde de este miércoles en su tramo del Mercado Oriental, sino que también perdió su morada, debido a que había construido un segundo piso en su local para vivir allí el resto de sus días. Mañana podría experimentarla otro comerciante, puesto que, según declaraciones de Augusto Rivera, gerente del mercado, en abril de 2014, cada semana se reportan aproximadamente cuarenta conatos de incendio.
El subcomandante Jorge Viera Osorno, jefe de bomberos del Distrito Uno, dijo que desde hace más de un mes, ellos, en compañía de varias instituciones estatales, inspeccionan las conexiones eléctricas tramo por tramo, para evitar situaciones parecidas a la de Carlos Miguel Toruño.
La comisión revisa los negocios con el denominado Plan Mercado Seguro en la Zona Uno del Mercado Oriental y el lugar que se quemó está ubicado en la Zona Dos.
El desorden que reina en el mercado, cortesía tanto de vendedores ambulantes y dueños de tramos, atrasó la llegada de los bomberos al lugar de la emergencia.
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DINERO SE HIZO CENIZAS
Toruño, quien no pudo dormir pensando en el siniestro que hizo cenizas todos sus enseres, cuenta que las llamas además quemaron trescientos mil córdobas que tenía guardados en su cuarto y que se disponía a ponerlos a salvo en una cuenta bancaria; pero el incendio le ganó la partida.
Por un lado las autoridades de la Corporación Municipal de Mercados de Managua (Commema) realizan un trabajo arduo para ordenar el populoso centro, pero por otro cobran para que vendedores invadan una parte de las rutas de acceso, sin importar que obstaculizan el actuar del Benemérito Cuerpo de Bomberos a la hora de una emergencia, como la suscitada la tarde del miércoles.
La dificultad que tuvieron los bomberos que apagaron el fuego del sitio casi provoca que la barbería de José Alfredo Jarquín, ubicada en la parte delantera de la propiedad de Toruño, también se quemara.
La angustia de Jarquín fue doble porque mientras observaba cómo las llamas devoraban la propiedad de su vecino, cruzaba los dedos para que su negocio no resultara afectado considerablemente.
“Si no hubiese sido por el actuar de los bomberos se hubiera quemado todo. (Los bomberos) Tuvieron que romper mallas para entrar hasta acá”, explicó Jarquín.
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