Inmaculada y purísima María

En la universalidad de la historia cristiana el mes de diciembre es el instante primero para el regocijo mariano, el preciso momento para expresar la fe y el amor que nace de lo más recóndito del alma, alentando los anhelos de prosperidad, ventura y felicidad.

En la universalidad de la historia cristiana el mes de diciembre es el instante primero para el regocijo mariano, el preciso momento para expresar la fe y el amor que nace de lo más recóndito del alma, alentando los anhelos de prosperidad, ventura y felicidad.

Es la ocasión oportuna para abrir nuestros corazones a Dios altísimo y comprender la grandeza divina de su amor en su mensaje angelical: “Salve muy favorecida. No temas porque has hallado gracias delante de Dios”.

María, Virgen y Madre, desde entonces es el regalo de Dios para acercarnos a Él. Regalo sagrado acogido con devota inclinación de fe de lo que a nuestros días es el más antiguo de los cultos que celebra la cristiandad, cuyo origen lo podemos encontrar en los albores del siglo VI, cuando en el Oriente como en Roma se celebraba a la Madre de Dios el 1 de enero de cada año, haciéndolo coincidir con las fiestas romanas llamadas Las Extremas, dedicadas a la exaltación de la mujer, lo que resultaba totalmente opuesto a la condición de la limpia y pura Virgen María.

Por el siglo VII los romanos le erigen para su culto en el Foro Romano la primera Iglesia, la que es consagrada a su santa y virginal divinidad bajo Advocación de Santa María Antigua, una manifestación plena de fe que llega a promover en el pueblo creyente la difusión de la imagen de la Virgen que comienzan a llamar la Madre de Dios, lo que exalta en sí de manera divina condición de madre sagrada.

Así, en el año 1476 el calendario romano como el santoral de la Iglesia, 16 años antes de la evangelización europea llegará esta celebración mariana como principal fiesta religiosa de la Iglesia católica. Razón por la que el papa Pío V en el año de 1531 exige una mayor devoción en la celebración del culto consagrado a la Madre de Dios, petición que encuentra eco en la tierra mexicana en el obispo Zumárraga, que de hecho exalta la aparición del Tepeyac de la Virgen Morena, consagrada como Nuestra Señora de Guadalupe, hoy Reina de América.

Igual ocurrió aquí entre nosotros —según la leyenda— con Nuestra Señora de El Viejo, sustancia, principio y raíz del clima festivo que los franciscanos nos llevaron a manifestarnos el 7 de diciembre a la Purísima Concepción de María fuente de eterna belleza.

Siguiendo en síntesis el curso de esta festiva devoción a María, Azucena Divina, en 1708 el papa Clemente IV la declara Fiesta de Precepto, promoviendo la ya tradicional festividad que se difunde aun más en el orbe cristiano a la Reina de los Ángeles.

En el año de 1762 un relato presumiblemente auténtico o una leyenda de sentido teológico explicado en términos históricos, nos habla de la presencia de una caja conteniendo en su interior la imagen de la Inmaculada Concepción, flotando a la deriva de las aguas del Gran Lago de Granada, que siendo rescatada por Fray Toribio de Benavente despertó en la feligresía de esta ciudad murmullos de infinita alegría. Lo cual también hoy podemos observar en las manifestaciones procesionales del novenario.

Ella es la Luz del Candor Eterno en la vida de los granadinos.

Así llegamos al año 1854, cuando el papa Pío VI proclama solemnemente el dogma de la Inmaculada Concepción de María, mediante la Bula Papal Inefabilis Deus, disposición desde entonces que los nicaragüenses con devota fe mariana celebramos recordando la sorpresa del obispo de León, cuando en el interior de la iglesia de San Felipe, motivado por la belleza del arreglo del altar, exclamó muy entusiasmado: ¿Quién causa tanta alegría? ¡La Concepción de María! le respondió la feligresía.

Desde aquí hoy como ayer nos sonríe con eterna belleza desde sus altares perfumados de incienso y aromas naturales ante los que fluyen como las aguas de un cristalino río los cánticos líricos y populares expresados con gran sentido de alegre devoción sin obstáculos culturales, desde la lejana montaña azul hasta la verde pradera donde florecen enamorados de cielo las campánulas, los girasoles, pascuas y pastores con el precioso sálamo; despertando una bella pluralidad de celeste cielos y albores de estrellas.

El autor es historiador.

Columna del día María Purísima archivo

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COMENTARIOS

  1. Ruben Lopez
    Hace 12 años

    Nos acercamos a DIOS solo a través de su unigénito hijo CRISTO JESÚS. Lea la biblia para que lo compruebe.

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