A mediados del año 2012 publiqué, en este mismo diario, un artículo en que abogaba porque Nicaragua se preparara para conmemorar dignamente el centenario de la muerte de Rubén Darío (6 de febrero de 1916).
Hice ver, entonces, que para el centenario del nacimiento de Rubén, el 18 de enero de 1967, el Congreso estableció, desde agosto de 1964, una Comisión Nacional encargada de organizar la celebración. Al mismo tiempo, en el Presupuesto General de la República se estableció un fondo especial que permitió que el programa conmemorativo, de una semana, se desarrollara a la altura de tan importante efemérides y tuviera repercusión internacional.
La Comisión invitó a un centenar de eminentes estudiosos del legado dariano de diferentes países del mundo. La gran mayoría se hizo presente y, quienes no pudieron hacerlo, enviaron comunicaciones enalteciendo su obra, como fue el caso de Pablo Neruda y Jorge Luis Borges. La Comisión publicó, en diciembre de 1967, el Libro de Oro de la Semana del Centenario de Rubén Darío , que contiene no solo la crónica de los diversos actos sino también las conferencias dictadas por los ilustres visitantes.
Ahora nos encontramos, precisamente, a apenas un año del centenario del tránsito a la inmortalidad de nuestra mayor gloria nacional. Que se sepa, hasta el momento, nuestra Asamblea Nacional no ha aprobado ninguna ley para establecer una Comisión Nacional que se encargue de organizar la conmemoración. Tampoco se sabe si el poder ejecutivo ha tomado alguna decisión al respecto, o si se ha previsto en el Presupuesto del 2015 alguna partida especial para los preparativos. Conocemos que la Academia Nicaragüense de la Lengua sí ha elaborado un programa, que incluye un Congreso de Academias de la Lengua de Centroamérica, tal como se hizo en el centenario del nacimiento de Darío.
Sería lamentable que por preocupaciones, muy fundadas, acerca del monstruoso proyecto del Canal Interoceánico, o por prematuras ambiciones electorales, no se aprovechen los meses que faltan para preparar, como correspondería, la importante conmemoración.
Cabe también preguntarse si las universidades han pensado en su participación, que puede ser importante, a como lo fue la de la UNAN en el centenario del nacimiento.
La UNAN de entonces, no solo formó parte de la Comisión Nacional sino que desarrolló su propio programa de actividades, que me place reseñar, a continuación, por los gratos recuerdos que me trae.
En primer término, la UNAN, como su mayor homenaje, decidió dar el nombre de Darío al bloque de edificios que se proponía construir en la ciudad de Managua y que hoy es el Recinto Universitario Rubén Darío, que alberga a la UNAN-Managua. La primera piedra de esta obra fue colocada el día 19 de enero de 1967.
En segundo lugar, la Universidad asumió la responsabilidad de organizar el Simposio Dariano, que se llevó a cabo en su Paraninfo el día 20 de enero, con asistencia de los eminentes intelectuales invitados a los festejos del Centenario y que, constituyó el acto culminante de la Semana Dariana. El tema del Simposio fue: Vigencia y actualidad de Rubén Darío.
La Universidad, con la ayuda de la Comisión Nacional, preparó una edición facsimilar del primer cuaderno manuscrito de poemas de Rubén: Poesías y artículos en prosa (1881), que alcanzó repercusión continental y que, en el criterio de los invitados, fue la obra más interesante editada con motivo del Centenario. La revista Cuadernos Universitarios dedicó un número especial a Darío, que apareció en dos volúmenes, que mereció las más elogiosas críticas, tanto en Nicaragua como en el exterior por la calidad y acertada selección de su contenido.
Con la rica colección de varias obras sobre Darío, donadas a la UNAN por el profesor Edelberto Torres, se creó en el Museo y Archivo Rubén Darío la Biblioteca Dariana.
Por invitación de la UNAN, se reunieron en el mismo Museo-Archivo los rectores de las Universidades de Centroamérica y Panamá, para testimoniar a Rubén el reconocimiento de todas las universidades del istmo.
El autor es escritor y jurista.
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