Sacar de la pobreza a 2.47 millones de nicaragüenses no es tarea fácil y no se logrará en las actuales condiciones del país, alertó ayer la Fundación Internacional para el Desarrollo Económico Global (Fideg).
Asimismo, Nicaragua no podrá cumplir el próximo año con el Objetivo del Milenio de lograr educación primaria para todos.
Los datos evidencian el fracaso de la Batalla por el Sexto Grado, impulsada por el Gobierno y que supuestamente alcanzaría la meta en 2013.
El Estado tampoco podrá elevar a noventa por ciento la cobertura del acceso a agua potable y saneamiento.
(La pobreza) es un problema de muchas dimensiones, es un problema que no es fácil de resolver, es un problema que continuará mientras no estén todas las circunstancias estructurales, coyunturales que ayuden a eliminar por completo esa parte negativa de una sociedad cuando hay gente que no tiene ni siquiera para comer, dijo ayer Alejandro Martínez Cuenca, presidente de Fideg, durante la presentación del estudio Dinámicas de la Pobreza 2009-2013.
Entre las condiciones estructurales que requiere el país está una política de educación clara, a largo plazo y con una alta dosis de calidad.
Pedro Belli, consultor independiente que formó parte de un panel de discusión posterior a la presentación del estudio, cree que el presupuesto de Educación de Nicaragua está patas arribas, se le da más plata a la gente que no es pobre y que asiste a la universidad y mucho menos plata a la gente que sí es pobre y que va a primaria y secundaria.
Tal es la situación de la educación, que según la Encuesta de hogares para medir la pobreza en Nicaragua, el año pasado la tasa neta de matrícula por nivel educativo en personas con edades entre 7 y 12 años, fue de 86.1 por ciento, tres puntos menos en relación con 2012.
Esa cifra, según explica Enrique Alaniz, director de investigaciones de Fideg, parece indicar que Nicaragua no podrá cumplir con su compromiso de universalizar la educación primaria en 2015.
El sistema educativo nicaragüense tiene un problema de retención escolar, pues a nivel nacional la tasa neta de matrícula primaria casi duplica a la tasa neta de matrícula de secundaria, señala.
- ASÍ VIVEN LOS POBRES DE NICARAGUA
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Belli ve sumamente deprimente el hecho de que, por ejemplo, solo el 11 por ciento de la población no pobre tenga la secundaria completa y en el caso de los pobres generales solo el cuatro por ciento y de los extremos dos por ciento. Es decir, añade, que de cada cien nicaragüenses menos de 11 han terminado la secundaria. Y de ahí se pregunta, ¿cómo va a progresar este país con una fuerza laboral con tan poca educación? No veo cómo.
La encuesta, con un margen de error de 2.4 por ciento y una muestra de 1,730 hogares repartidos en todo el territorio nacional, indica que en 2013 la pobreza general cayó 2.2 puntos porcentuales al situarse en 40.5 por ciento y la extrema aumentó 1.9 puntos respecto a la tasa de 2012, al ubicarse en 9.5 por ciento.
Silvio De Franco, presidente de la Universidad Thomas More, quien también participó en el debate, admite que no hay una fórmula para reducir a corto plazo la pobreza, pero cree que se deben buscar soluciones a dos problemas estructurales graves que tiene el país: que más del setenta por ciento del empleo lo genera el sector informal y el modelo de crecimiento de Nicaragua basado en la exportación de pocos productos. A estas situaciones se suma otra más grave la educación.
Para De Franco la política de transferencia sí alivia la pobreza, pero tiene un límite, en el caso de Nicaragua hay un límite que está fijado por la posibilidad de recaudación, fijado por la ayuda externa, en este caso Venezuela, pero para mí está fijado por otro aspecto que es la capacidad del Estado de llegar realmente a los pobres a través de esta política, es muy difícil, se requiere de un aparato administrativo muy fino capaz de fiscalizar y hacer llegar la transferencia al que realmente lo necesita.
Belli y De Franco insisten en el diseño de una política de educación integral que favorezca a los pobres, eso permitiría elevar los niveles de crecimientos. Si queremos reducir la pobreza general tenemos que acelerar el crecimiento económico, no podemos quedar entre cuatro y cinco por ciento, afirma Belli.
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