La trampa del ingreso medio-bajo

En países como el nuestro la obtención de elevadas tasas de crecimiento del ingreso per cápita resulta de la interacción dinámica de dos grandes sectores.

En países como el nuestro la obtención de elevadas tasas de crecimiento del ingreso per cápita resulta de la interacción dinámica de dos grandes sectores.

El sector “tradicional”, que genera la mayor parte del empleo, sería aquel que procura medios de sobrevivencia a un extenso bolsón de personas, ocupadas en actividades de muy baja productividad, quienes constituyen un enorme “ejército de reserva” de mano de obra barata.

El sector “moderno” se caracteriza por el uso de una tecnología más avanzada, mayor intensidad de capital y rendimientos crecientes. Para poder expandirse con rapidez y absorber la fuerza de trabajo excedente del primer sector, el sector moderno debe producir bienes con una elevada elasticidad ingreso de la demanda, que suelen corresponder a aquellos de mayor complejidad tecnológica.

La absorción de la fuerza de trabajo del sector tradicional por parte del sector moderno se reflejaría en un rápido incremento de la productividad como resultado del creciente traslado de fuerza de trabajo desde un sector de menor productividad hacia uno de mayor productividad, y de los rendimientos crecientes atribuibles a este último.

Pero si el sector moderno produce solo un número limitado de bienes de limitada complejidad tecnológica, escaso valor agregado y pobre dinamismo de la demanda, no podrá expandirse con la rapidez necesaria para absorber una oferta de fuerza de trabajo que estaría creciendo de manera acelerada, si introducimos el supuesto de que el país atraviesa la fase del bono demográfico.

En este caso, la fuerza de trabajo continuará encontrando empleo, principalmente en actividades de muy baja productividad, lo cual presionará a la baja la productividad promedio de la economía, y el sector moderno no crecería con el dinamismo necesario para llegar a convertirse en el mayor generador de empleos. Para que pueda surgir y expandirse un sector moderno capaz de producir bienes de creciente complejidad y elevada elasticidad ingreso, el país debe desarrollar la capacidad de adquirir, aprender a dominar y adaptar el conocimiento y la tecnología —y eventualmente llegar a generarlos— y la necesaria plataforma de recursos humanos.

El desafío es entender cómo apoyar mejor el desarrollo de las capacidades tecnológicas y productivas necesarias para entrar a competir en nuevas actividades dinámicas. La inteligencia de mercados debe convertirse en la guía del esfuerzo coordinado para desarrollar nuevas actividades y encadenamientos.

Se requerirá establecer los mecanismos de financiamiento que permitan sostener las tasas de inversión requeridas para lograr la diversificación de la economía hacia nuevas actividades dinámicas, y apoyar estas últimas mientras logran desarrollar las capacidades necesarias para llegar a competir exitosamente en el mercado interno y externo, condicionando cualquier apoyo al logro de metas de desempeño específicas.

De lo contrario, el sector “moderno” continuará especializado en producir únicamente aquellos bienes que le permitan aprovechar las ventajas derivadas de una fuerza de trabajo abundante y muy barata, enfrentando la competencia de países en donde esta abundancia es varios ordenes de magnitud mayor, lo cual convertiría la preservación de salarios excesivamente bajos en condición permanente de competitividad.

La otra gran ventaja competitiva del país estaría representada por el costo prácticamente nulo que asumen los agentes económicos al explotar los recursos naturales (suelo, agua, bosques, recursos minerales) y por la degradación de dichos recursos, lo cual se reflejaría en una clara tendencia a la sobreexplotación y mayor degradación de los mismos.

El país se vería entonces atrapado en una trampa del ingreso medio-bajo y la implicación seria que, al arribar en 26 años más a la fase de envejecimiento de la población, lo haría con un ingreso per cápita exageradamente más reducido que el de los países desarrollados cuando arribaron a dicha fase.

(*)Economista

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