¿Francisco versus Benedicto?

¿Difieren Benedicto XVI, el papa Emérito, y Francisco, el papa actual? Muchos piensan que sí y lo dicen con alegría: “Ahora tenemos un papa reformador, portador de un mensaje de compasión y apertura”. Otros lo ven peligrosamente liberal.

¿Difieren Benedicto XVI, el papa Emérito, y Francisco, el papa actual?

Muchos piensan que sí y lo dicen con alegría: “Ahora tenemos un papa reformador, portador de un mensaje de compasión y apertura”. Otros lo ven peligrosamente liberal. En realidad, es innegable que entre ambos pontificados hay diferencias en énfasis y estilo. Benedicto, teólogo alemán de gran profundidad, de personalidad un tanto parca, subrayó la importancia de preservar la verdad doctrinal y moral frente al relativismo. Francisco, un pastor latino de gran calor humano, ha subrayado el tema de la compasión o la misericordia frente a la exclusión.

Que haya diferencias entre los carismas de los pontífices no debe sorprender. Siempre ha sido así y lo será, como manifestación de la riqueza de matices de la fe y de los cambiantes retos de cada momento histórico. El problema es que ahora el hábito de las comparaciones pareciera estar creando dos partidos: los que priorizan la ortodoxia versus los que priorizan la misericordia. Y como ocurre siempre que se forman facciones, los partisanos tienden a destacar las virtudes de la propia y a negar las de su rival, perdiendo así la capacidad de ver la maravillosa complementariedad que pueden tener ambas.

Ortodoxia y compasión no son rivales sino caras de la misma moneda. Ambas se necesitan y complementan; una no crece a expensas de la otra sino que la implica y la enriquece. Por ejemplo, si yo veo que mi amigo va caminando contento hacia un despeñadero, la compasión me lleva a advertírselo con todas mis fuerzas. No sería amoroso ni compasivo darle una palmadita en el hombro y decirle, “yo no te juzgo equivocado, sigue caminando en la misma dirección”.

Comunicar la verdad, como ilustra este caso, es uno de los servicios más vitales y compasivos a favor del ser humano. Pero igualmente; comunicar la verdad con amor y comprensión también es indispensable. Si a quien va por la senda equivocada yo le grito: “Estúpido, escogiste el camino malvado”, posiblemente se ofenderá y seguirá caminando hacia el abismo.

Es el desconectar la virtud de la verdad de la virtud de la misericordia, lo que las distorsiona y hace aparecer como rivales. Así ocurre cuando se comunica la verdad para juzgar o condenar, y no para ayudar. O cuando so pretexto de la compasión y la apertura no se corrige al que va por mal camino, como suelen hacer, frecuentemente, muchos padres con sus hijos y pastores con sus feligreses.

Mantener la unión entre ambas virtudes requiere una vigilancia o tensión continua. Si la ortodoxia o la verdad no llevan la sal de la compasión pueden descarnarse y caer en el juicio o las discriminaciones. Pero si la compasión o la misericordia no llevan la sal de la verdad, pueden caer en un sentimentalismo dulce que todo lo aprueba, que todo lo excusa, pero que es mortal.

Esto es precisamente lo que el papa Emérito acaba de explicar en relación con el tema del diálogo entre las religiones. Muchos creen que renunciar a la verdad, silenciando aspectos de la fe, sería un servicio a la causa de la paz y unidad entre los pueblos, más, sin embargo, insiste Benedicto, hacerlo es letal para la fe.

Igual vale para la moral. Abrir los sacramentos para todos en nombre de la compasión, negando el carácter de adulterio a lo que lo es, y tratar como opciones legítimas las que no lo son, es letal para la moral. La verdad es esencial para la vida y el amor: “La verdad os hará libres”. El autor es sociólogo. Fue ministro de Educación.

Columna del día Benedicto Francisco Papa archivo

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