Por muchas razones, considero que es mi obligación solidaria y consecuente con mis principios, apoyar e identificarme con todo lo bueno y lo malo que ocurra en Ometepe. Por esa razón es que asistí a una marcha no política como es lo usual, sino social, nacionalista y pro defensa del medioambiente, que tuvo lugar en Moyogalpa, el pasado viernes 24 de octubre.
He apoyado con el mayor entusiasmo a nuestro Oasis de Paz, desde su concepción como destino turístico de Nicaragua a inicios de los noventa, hasta la fecha. La misma palabra Ometepe, Oasis de Paz, jamás ha estado identificada con la violencia, sino por el contrario, por ser uno de los lugares más pacíficos y seguros de Nicaragua.
Ometepe es un verdadero refugio “para aquel que busca la paz en un mundo estrepitoso y agresivo”, como dijo Mark Twain hace 147 años al describir desde el vapor de ruedas “San Francisco”, su voluptuosa y estética figura femenina de dos volcanes gemelos, con sus pendientes regulares, emergiendo del inmenso Cocibolca.
Entonces, que la población de Ometepe se levante y proteste masivamente, como lo hizo en aquella radiante tarde de octubre, es un fenómeno social y político que cualquier gobernante que ame a su pueblo debería de analizar y tomar seriamente en consideración.
Estamos pendientes del rugir del Concepción, pero esta vez fue la población, que a pesar de los ocho deslaves que han afectado distintas zonas de sus pobladas laderas, la que decidió salir a las calles a protestar sin banderas políticas.
En la marcha iban mujeres, niños a pie o en sus brazos, campesinos en bicicleta, en moto, o a caballo, todos ellos cobijados por un sentir nacionalista de que nuestro territorio ha sido avasallado, que sus fincas y casas podrían ser “vendidas” aunque no están a la venta, a ningún precio, y que su lago, ese espejo de agua, lleno de esperanzas para calmar la sed de las generaciones venideras, podría convertirse en un lodazal por ambiciones geopolíticas y económicas oscuras.
Durante la marcha, me dediqué a hablar con ellos, los jóvenes, los padres, las madres, los ancianos, cobijados todos únicamente por la bandera azul y blanco. Una señora dueña de un negocio en la calle central de Moyogalpa me confirmó mis más optimistas observaciones: “Desde esta esquina, yo he visto pasar las marchas de todos los partidos y ninguna ha sido tan grande como esta”, me dijo.
Diputado, me preguntó un campesino, ¿qué tiene que ver Los Ángeles con el Canal, población medida por los chinos en su “levantamiento o censo”, que se encuentra al menos a 20 kilómetros de la ruta propuesta del canal?
Mi respuesta fue que la Isla de Ometepe está localizada estratégicamente en el centro del Lago Cocibolca y que un mega-dragado como el que pretenden hacer los chinos sobre el lecho lacustre, necesariamente tendría que ocupar parte de Ometepe, para ubicar allí un campamento de maquinaria y trabajadores chinos, muy lejos del fin turístico y naturalista que lo distingue ahora.
Vinieron a apoyar la marcha del Oasis de Paz al menos unos 200 ciudadanos humildes de otras poblaciones afectadas del departamento de Rivas, ¿por qué lo hicieron?, ¿qué los motivó?, ¿quién les pagó?, ¿quién los engañó?, ¿quién los embaucó?
Uno de ellos, que viajaba a mi lado en el viaje de regreso en el ferri Ometepe 1, me expresa sus motivos. Se trata de un campesino de Santo Domingo de Piche, una comunidad entre los municipios de Buenos Aires y San Jorge, también muy lejos del canal. ¿Quién les donó las tierras? No le debemos nada al gobierno, sino al Señor y a doña Anita Holmann Morice, dueña de la hacienda Sucuyá, en agradecimiento a sus trabajadores. Fue allí donde se originó la primera protesta espontánea de esta larga serie, cuando llegaron los chinos a “medirlos”.
De Ometepe es posible que ruja el Concepción, lo que no esperaba es que rugiera su población, y ese rugido, estruendo a la vez, no solo es en Ometepe, sino en toda la nación, viene de voces humildes: sandinistas, liberales, conservadores, socialdemócratas, socialcristianos, independientes, en fin, ciudadanos todos, cobijados bajo una misma bandera azul y blanco.
Sandino ha vuelto a nacer.
El autor es diputado del PLI y Presidente de la Comisión de Turismo.
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