Yo veo un cierto grado de prudencia en aquel proverbio que reza: “Aun el necio, si calla, será reputado por sabio”.
Sin embargo, esto no se debería tomar como inspiración para tratar de silenciar a aquellas personas que están inclinadas a dar su opinión, por el mero capricho de considerarlas necias.
¡¿Quién podría distinguir entre el necio y el más necio?!
Digo esto porque el pasado 13 de octubre leí en este mismo diario, LA PRENSA, un artículo titulado El síndrome Dunning-Kruger escrito por el señor Freddy Blandón. Ahí el autor denuncia que “es muy común que en programas de radio, televisión y medios escritos de nuestro país se entrevisten, citen y opinen expertos sobre todo lo que se les pregunta o el medio necesita publicar, con el objetivo malsano de utilizar esa opinión experta, para descalificar o politizar el tema a conveniencia ideológica del experto y del medio”.
Lo más sorprendente es que el señor Blandón dice que de manera objetiva se percibe la posibilidad de un “problema de salud (mental)” que podría estar afectando a algunos de esos “expertos” y pretende explicar su proposición con “todo el rigor” de lo que se conoce como efecto Dunning-Kruger (efecto que el señor Blandón sobrestima): Un prejuicio cognitivo (relativo al conocimiento) que se manifiesta en personas incompetentes con ilusiones de superioridad y que está atribuido a la inhabilidad de reconocer la ineptitud propia.
David Dunning y Justin Kruger, dos psicólogos de la Universidad de Cornell en Nueva York, proponían que los individuos incompetentes tienden a sobrestimar sus propias habilidades; son incapaces de reconocer las habilidades de otros; desconocen su extrema incompetencia; pero con entrenamiento mejoran sustancialmente.
Las pruebas de sus hipótesis fueron efectuadas en estudiantes de Psicología de esa universidad; examinaron las áreas de habilidades de razonamiento lógico, gramática y humor; posteriormente compararon las calificaciones con las expectativas de los estudiantes.
Los resultados fueron publicados en una revista en 1999. Dunning y Kruger concluyeron que “la sobrestima del incompetente proviene de un error sobre sí mismo, mientras que la subestima del altamente competente proviene de un error acerca de los demás”.
Uno no puede más que preguntarse cuál es la relación del desconcertante estudio acerca de unos estudiantes de Psicología en Nueva York con los nicaragüenses que expresan sus opiniones en los medios masivos de comunicación. Pareciera que ninguna; especialmente cuando vemos que ese ejercicio se ha reproducido en Asia Occidental y los resultados son opuestos al original, dada las diferentes características y costumbres.
El pensar que uno tiene el monopolio de la verdad no es suficiente motivo para intentar acallar a los demás. No olvidemos que vulnerar las libertades de expresión e información solo trae consecuencias funestas a la sociedad. Y ya este Gobierno va dejando poco espacio en cuanto a libertad se refiere. Pero antes de coincidir con el señor Blandón sobre la necesidad de hablar con pleno conocimiento del tema que se aborda, quisiera decirle que este estudio no fue merecedor del Premio Nobel en el año 2000, como él asegura.
La verdad es que no existe ese galardón para Psicología. Lo que le otorgaron fue el “Premio Ig Nobel”. El nombre es un juego de palabras caracterizado por el término “Innoble”. Este premio es una imitación burlesca/satírica del Premio Nobel y fue organizado por la revista humorística Los anales de la investigación improbable. Cada octubre se premian diez logros que, más que nada, tienen la virtud de hacernos reír.
El autor es economista y escritor