Son sandinistas vergonzantes aquellos nicaragüenses que habiendo estado siempre en contra del FSLN no se atreven a decir públicamente que ahora son sandinistas.
Los más visibles sandinistas vergonzantes son los que —vacunados con dinero contra la rabia— escriben en los periódicos o hablan en la televisión defendiendo en el fondo al gobierno de Daniel Ortega pero tratando “dialécticamente”, como maromeros de la palabra, de dar la apariencia de que son “opositores” o “imparciales”.
Por ser vergonzantes, por haber estado siempre en contra del comandante Ortega les da vergüenza reconocer públicamente que ahora “aman” a Daniel. Pero realmente para ellos “amar” encubiertamente a Daniel es una manera de ganarse la vida parasitariamente. Por esta razón, en la peña El Bejuco de Acoyapa se piensa que en vez de ser considerados sandinistas vergonzantes deben ser reputados como mercenarios gobiernistas, porque para mis paisanos de la peña el “gobiernismo” de estos mercenarios es una manera de vivir sin trabajar.
La naturaleza psicológica de los sandinistas vergonzantes tiene mucho parecido con la naturaleza psicológica de los pobres vergonzantes, que son aquellas personas acaudaladas venidas a menos, que habiendo sido ricos les da vergüenza ser pobres. Los sandinistas vergonzantes habiendo odiado siempre a Daniel Ortega ahora les da vergüenza “amarlo” con desbordante pasión. Los sandinistas vergonzantes y los pobres vergonzantes, por vergüenza, no piden “limosna” públicamente, la piden a escondidas.
Tengo la impresión de que los dirigentes sandinistas consideran que al FSLN no le conviene que la persona que antes del año 2007 siempre fue un feroz antisandinista y que ahora es sandinista aparezca por ejemplo en la televisión defendiendo públicamente al gobierno. Le conviene que aparezca en todo momento como una persona “opositora” o una persona “imparcial” que defiende encubiertamente, con “objetividad”, con sutileza y astucia, la labor de Daniel.
Quiero señalar que no solamente hay sandinistas vergonzantes y pobres vergonzantes sino que también hay ricos vergonzantes, aunque a decir verdad estos últimos son muy escasos. El rico vergonzante es aquel que habiendo sido pobre se hizo rico en la función pública. El rico vergonzante no aparenta su riqueza y vive con austeridad porque debido al origen ilícito de su fortuna le da vergüenza ser rico. Pero como dije antes, estos son muy escasos, porque lo que abundan son los ricos, con bienes mal habidos en el gobierno de turno, que les encanta y de manera pública enseñar, sin ninguna vergüenza, las “plumas”. ¿Y por qué les encanta? Porque no hay sanción social.
Distintos de los sandinistas vergonzantes están, por ejemplo, los liberales que se convirtieron por un puesto público en sandinistas. Su conversión es pública, sin pena, sin timidez y sin vergüenza. Y para evitar malos entendidos debo decir que no es que sean sinvergüenzas, lo que pasa simplemente es que no tienen vergüenza. Hay que tener en cuenta que no tiene nada que ver la persona que no tiene vergüenza con la persona que es sinvergüenza.
Debemos reconocer la sinceridad de los liberales que ahora son sandinistas por un puesto público —son sinceros sin vergüenza— pues su conversión la hicieron a la luz pública, sin ocultar nada. Yo no creo que esos liberales con altas posiciones en el Estado y que no son vergonzantes, es decir, repito, que no tienen la menor vergüenza, se hayan convertido en sandinistas por aquello de que la “calle esté dura”. Quizás su nuevo sandinismo se deba al deseo, desde una alta posición política, de servir al país, al deseo de sacrificarse por Nicaragua, al deseo de ayudar al presidente Ortega a construir el progreso del pueblo nicaragüense.
Entre los analistas políticos de Acoyapa se discute si hay diferencias entre los que fueron antisandinistas y que por un puesto público se convirtieron en sandinistas y los que fueron antisandinistas y se convirtieron en sandinistas vergonzantes.
La discusión sigue, pero de momento los analistas políticos citados ya encontraron una diferencia de carácter “numismático”. Los primeros, los que se “voltearon” públicamente, reciben la “melodía”, la vacuna contra la rabia, del Presupuesto general de la República, mientras que los segundos, los vergonzantes, reciben la “limosna”, su vacuna, de fondos extrapresupuestarios.
Prometo a mis lectores que publicaré las conclusiones una vez que concluya la discusión acoyapina. El autor es abogado y escritor
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