Observando desde un balcón la bahía de un país en el extranjero, con un poderoso y millonario contorno en bienes raíces, fragatas y buques de guerra de su base militar, me encontré leyendo un artículo periodístico en internet en el que algunos pobladores de Nicaragua, a quienes no voy a juzgar y merecen todo mi respeto, demandaban que “se vayan los chinos”, “no queremos canal”, porque según algunos de ellos “resuelven su hambre con mango con sal”.
Después de leer esa frase, volví a observar detenidamente el contorno, el puerto, los yates de lujo, las casas, hoteles, parques, colegios, autopistas, puentes, y a la población local involucrada en su quehacer cotidiano en aquellas calles nítidas, con jardines extraordinarios en las residencias, bulevares, centros comerciales, hoteles, escuelas y parques, y me dije a mí mismo, definitivamente me gusta el mango con sal, pero no puedo permitir, ni educar a mis hijos, conformándose con un mango con sal para resolver el hambre.
Nicaragua es un país rico, empezando por su gente; sin embargo, nuestro Producto Interno Bruto (PIB) no representa ni un pellizco del PIB de América Latina, mucho menos del mundo, y no hay manera que salgamos de nuestro retraso, en todos los sentidos de la palabra y sin excepción, si no damos un salto cualitativo y cuantitativo con una visión de nación, buscando el beneficio colectivo de las presentes y futuras generaciones, contrario a una posición que condena a sus propios hijos a seguir viviendo en la miseria en un país en el que las oportunidades son escasas. Si consideramos la globalización y la competencia, estamos en franca desventaja.
Si se va a construir un Canal Interoceánico en el país, y cualquier otro proyecto a gran escala sea este una represa o una autopista, es correcto solicitar se nos informe el resultado de los estudios de impacto ambiental y su mitigación, el mecanismo de expropiación y compensación justa de las propiedades que serán declaradas de utilidad pública para el proyecto. Igualmente, demandar una oportunidad de participación equitativa de sus beneficios, tales como los cincuenta mil empleos directos que se han anunciado durante el periodo de construcción del Canal y los doscientos mil empleos directos que se generaran posconstrucción en las áreas de bienes y servicios entre el Canal y los subproyectos.
Los ingresos directos para Panamá generados por la ruta interoceánica en el año 2013 fueron 610.5 millones de dólares. El mismo año, los ingresos indirectos por concepto de impuesto sobre la renta ascendieron a 62.3 millones de dólares; 389.8 millones de dólares por concepto de salarios, 99.1 millones de dólares por el pago del Seguro Social, 10.6 millones de dólares por el pago del Seguro Educativo, y 1.4 mil millones de dólares por la compra de bienes y servicios a proveedores locales.
El Canal de Panamá en los últimos trece años no solo ha generado “mangos con sal” para resolver el hambre, el Canal ha inyectado más de 7.6 mil millones de dólares a la economía de ese país.
El autor es empresario privado y ha servido como legislador y embajador
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