Todos los editoriales de LA PRENSA son muy instructivos, pero me llamó la atención el del día 26 de septiembre de 2014, en el que reproducen la información brindada por José Adán Aguerri, eterno presidente del Cosep, de que “solo en el curso del presente año los empresarios están aportando unos ochocientos millones más en impuestos y otras cargas fiscales para financiar proyectos sociales y gasto burocrático del Estado”.
Es claro que ese incremento en el aporte al Estado orteguista no sale de los bolsillos de los empresarios, que a lo sumo han reducido un poco sus ganancias, sino que han trasladado esos costos a los consumidores, es decir a los “pobres nicaragüenses pobres”.
El Cosep no debería inmiscuirse en política, pero lo hace cuando se están cocinando leyes que pueden afectar los intereses de los empresarios. De la misma manera, el Cosep debería involucrarse al decidir el destino de la recaudación fiscal e incidir en que ese dinero sea invertido en proyectos que generen empleos en la ciudad, pero sobre todo en el campo, donde millones de manzanas de tierra fértil no se cultivan por falta de recursos y de asistencia técnica. Cuando el orteguismo se queda de brazos cruzados ante la expansión de la roya del café o la muerte por inanición de miles de cabezas de ganado es porque en realidad ni le interesa ni sabe qué hacer, porque ellos no piensan en función de productividad como forma de generar riqueza, sino solo en confiscar el producto del trabajo ajeno. El orteguismo usa el dinero de los nicaragüenses en clientelismo y prebendas para mantenerse en el poder a toda costa, para enriquecerse, pero no para hacer progresar a la nación. Es la misma razón por la que ante la debacle económica de Venezuela, que necesariamente afecta los ingresos del orteguismo basados, de manera predominante, en el acuerdo petrolero, con desesperación quieren vender el territorio nacional para la supuesta construcción de un Canal Interoceánico sin importarles la espeluznante debacle ecológica y contaminación de fuentes superficiales y subterráneas de agua potable que significa crear una zanja de 28 metros de profundidad a lo largo del territorio nacional. En esto también tendrá responsabilidad el Cosep.
Si no se genera riqueza, los pobres serán cada vez más pobres y no podrán adquirir los bienes y servicios que venden los empresarios, que con el tiempo también se irán a la ruina.
La manera en que las economías emergentes han salido adelante es invirtiendo en educación, salud y productividad, precisamente las áreas más descuidadas por el orteguismo, más interesado en mantener al pueblo pobre e ignorante para manipularlo a voluntad, mientras los allegados al régimen se vuelven multimillonarios, como en el caso del acaparamiento del frijol rojo, que nadie se ha interesado en explicar.
No se puede negar que el Cosep, en la medida que ha aportado miles de millones de córdobas al régimen orteguista y teniendo el espacio político que el orteguismo le da, también tiene responsabilidad cuando ese dinero se utiliza en áreas que no se relacionan con el progreso de la nación en la cual se enriquecen los empresarios. También en este sentido el Cosep “debería estar haciendo el trabajo de los diputados opositores”, que en realidad no hacen nada.
El autor es médico.