La insensatez humana ante la falta de protección y escasez del agua potable para mantener un orden universal en la vida de los seres vivientes, ha venido provocando reacciones mundiales en diversos campos como el científico, económico, literario, político, entre muchos otros, con el propósito de enunciar la falencia de dicha situación global. Como ejemplo, podemos nombrar la Conferencia de las Naciones Unidad sobre Ambiente y Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro en 1992. Posteriormente, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el día 22 de marzo como el Día Internacional del Agua. Veintidós años después de este enunciado, la situación global del agua ha mejorado en algunas áreas, pero en otras, aún queda mucho por hacer. Particularmente, en los países subdesarrollados donde la población crece rápidamente con múltiples necesidades.
El agua, que es vida, escasea en algunas partes del mundo. Sus pobladores se ven obligados a viajar grandes distancias para encontrarla; en muchos casos, el agua está contaminada ya sea por bacterias, agentes ambientales y desechos humanos o animales, causando problemas de salud y afectando el desarrollo económico y el balance ecológico del planeta. En la actualidad, casi mil millones de personas en los países en vías de desarrollo no tienen acceso al agua, ni mucho menos a servicios sanitarios básicos. En los países que han sabido cuidar y proteger las fuentes de agua, la preocupación es de otra índole. Estos pueden ser afectados por tragedias naturales, huracanes, sequías y contaminación ambiental, provocando devastadores e inesperados daños. Esto sin contar con el nuevo flagelo, los ataques terroristas. La magnitud de la crisis de aguas potables y los riesgos asociados a sus escasez, ha sido globalmente subestimada por autoridades gubernamentales, entidades privadas y población en general.
El agua no es una mercancía, es la esencia y el espíritu de la vida como lo enseñaron nuestros antepasados quienes rendían culto a sus dioses por tan preciado obsequio. Es la base de la seguridad alimentaria, energética y del desarrollo económico y social. La escasez del agua merma la salud, la nutrición, la equidad, la igualdad y el bienestar y desarrollo, especialmente en los países tercermundistas. La falta de agua potable es un delito contra los derechos humanos, es un irrespeto a la dignidad y la justicia social. Intereses económicos y políticos, han venido socavando la seguridad de la humanidad en determinadas regiones, cuando atentan contra el agua potable. Fenómeno que se ha expandiendo globalmente no solamente en países donde el agua es escasa sino también en los que abunda.
Reflejo de esta situación es lo sucedido en el Mar Aral, el cual era el cuarto lago más grande en tamaño en la extinta Unión Soviética. Hoy en día, está casi desaparecido a causa del experimento con sus afluentes, realizado por líderes políticos causando un daño ecológico descomunal. Los afluentes no llevaron suficiente agua al lago y este terminó secándose. Las causas que influyeron en este desastre fueron de dos tipos, climática y antropogénica. El lago perdió su productividad biológica, deterioro del ecosistema, causó cambios de clima y alteró la presión del agua subterránea. La salinización del agua del lago aumentó hasta llegar a ser incompatible con la vida de la fauna marina.
Este sombrío panorama podría repetirse en Nicaragua, si volvemos la mirada hacia el Gran Lago Cocibolca que tiene una extensión de 8.624 km’’, lo que lo convierte en el lago más grande de Centroamérica así como la mayor fuente de agua dulce de la misma región. Cocibolca —“mágico”— esencia creador de vida, podría verse gravemente perjudicado por esas causas antropogénicas y perderse en el tiempo y el espacio.
El agua, elemento de la naturaleza responsable de la vida y el sustento de todas las civilizaciones desde el comienzo del planeta, garantía de existencia, movimiento y trascendencia debe ser protegida de manera noble por todos y cada uno de nosotros.
* Erwin Aguilar es catedrático de la Escuela de Medicina, LSU, Nueva Orleans, Luisiana.
* Martha Elena Ruíz es consultante gubernamental del Departamento de Salud del Estado de Florida, Orlando, Florida.
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