Dime en qué gastas y te diré tus prioridades. El 19 de agosto, el gobierno “socialista” de Ortega recortó C$116.4 millones al Ministerio de Educación y C$90.5 millones al Ministerio de Salud. Al mismo tiempo el gobierno le recetó un aumento de C$6.0 millones a los diputados y le aumentó C$6.3 millones a la Presidencia de la República y C$13.6 millones al Ministerio de Gobernación. Evidentemente, los sectores sociales no son prioritarios para el gobierno “socialista”.
Si nuestro sistema educativo fuera estupendo, difícilmente aguantaría un recorte de C$116.4 millones. Pero la educación en Nicaragua es un desastre, como ha dicho el exministro de Educación, Fernando Cardenal. Las cifras lo apoyan. De cada 100 estudiantes que ingresan a primer grado, 50 terminan la primaria. De los 50 que pasan a secundaria, 25 se bachilleran: la mitad de la población no termina primaria y 75 por ciento no se bachillera. Esta es una tremenda tragedia para cualquier país y una total vergüenza para un gobierno “socialista”.
¿Qué sabemos de la calidad? No mucho por falta de datos. En la única evaluación que hemos participado a nivel regional, nuestros estudiantes de tercero y sexto grado salieron en la cola de América Latina en lectura y matemáticas. En ciencias, ni nos atrevimos a evaluarnos. El Ministerio de Educación ha anunciado que participaremos en la tercera evaluación regional. Excelente paso. Pero también deberíamos evaluar la calidad de la educación secundaria participando en el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA por sus siglas en inglés). Si no nos comparamos con los demás países nunca sabremos cuáles son nuestras fortalezas ni nuestras debilidades y por lo tanto tampoco sabremos hacia dónde dirigir nuestros esfuerzos para mejorar.
Otros indicadores de calidad son los exámenes de admisión de la UNI y de la UNAN. Cada año se bachilleran alrededor de 240,000 alumnos. De estos, alrededor de 12,000 se presentan al examen de admisión de la UNAN. En 2014 1,000 aprobaron el examen de matemáticas y 2,300 el de español. En otras palabras, solo cincuenta de cada mil bachilleres se atrevieron a postularse para un cupo en la UNAN y de esos apenas uno aprobó el examen de español y menos de uno el de matemáticas.
En cuanto a la UNI, los resultados son aún más deplorables. Solamente 2,283 se postularon y de esos solo 130 pasaron el examen de admisión: de casi un millón de estudiantes que entraron a primer grado, menos de medio por ciento salieron calificados para asistir a las dos principales universidades públicas. En pleno siglo XXI, cuando la tecnología y los conocimientos son la base del crecimiento y de la riqueza, el gobierno “socialista” pretende hacer crecer la economía a más de 4 por ciento anual recortando el presupuesto para la educación. ¡Despierten señores gobernantes!
Los países que han salido de la pobreza han invertido en la educación de sus ciudadanos, no en megaproyectos. Con una fuerza laboral en la cual solo una de cada cuatro personas ha terminado la secundaria, no saldremos de la pobreza. Reducir la pobreza requiere formar una fuerza laboral que pueda competir en conocimientos con el resto del mundo, para lo cual necesitamos mejorar la calidad de los maestros y escuelas y adecuar la educación a las necesidades del siglo XXI. No desperdiciemos recursos en construir y demoler fuentes ornamentales ni en erigir adefesios como los árboles de la vida. Invirtamos en educación. El autor es economista y ex profesor de la Universidad de California y del
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A