José Alfredo Jiménez
Érase una vez un niño de alma pura
Que tenía un sueño y lo anhelaba con locura,
En su sueño no dejaba de pensar
Y sus más queridos “amigos” se empezaron a alejar.
Pobre niño se sentía solo con sus sueños,
Con alma de joven, sin rumbo y sin dueño,
Vagaba por la vida con el alma golpeada y una sonrisa,
Salía al jardín cuando llegaba la brisa,
Decía que la naturaleza era su amiga,
Que algún día saldría,
Que a su aire celestial se uniría.
El niño quería ser un ángel celestial
Volar por los cielos libre y sin rumbo,
Elevarse como las aves en el azul profundo
Hasta llegar a ver de lo celeste el rosal.
La pobre alma joven sufría por el estuche
De su alma que llego defectuoso;
Pero con la esencia más pura de todos los olores
Entre jardín de flores
Un día un ave del bien se posó en su regazo,
Levantó la mirada hacia el ocaso,
Sintió que se elevaba,
Sintió que de su pecho luz vislumbraba,
Pobre niño desde que nació no caminaba,
Pero siempre creyó en cuentos de hada
Levantó la mirada y se levantó
De su enfermedad se liberó,
Su sueño se realizó, en ángel se convirtió
Ese día el espíritu de la muerte lo visitó,
El niño murió,
Tanta felicidad en ese día,
Su cuerpo en el suelo yació
Pero su sueño al fin se cumplió.
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