Persecución a obispos
Los nicaragüenses verdaderamente cristianos pensábamos que la persecución a nuestra Iglesia católica y a nuestros obispos había sido cosa del pasado, que con el regreso de la democracia, de la paz y la libertad de Nicaragua aquel 25 de febrero de 1990 esto ya no sucedería y al parecer no es así, el sistema de persecución a la Iglesia católica y a nuestros obispos sigue intacto como en los años ochenta durante la primera dictadura sandinista encabezada por la misma pareja presidencial Ortega Murillo.
Condeno la persecución de la cual es objeto monseñor Juan Abelardo Mata Guevara, obispo de la Diócesis de Estelí por parte de la Policía Nacional de este gobierno “cristiano, socialista y solidario”. Y no solo monseñor Mata ha venido denunciando esta persecución sino que también lo han hecho otros obispos.
Insto a los verdaderos católicos de Nicaragua a condenar esta persecución y a solidarizarnos con nuestros obispos, dicen que por el alba se saca el día y la persecución a nuestra madre Iglesia católica es el inicio de lo peor que se nos está por venir a los nicaragüenses, es el momento de unirnos todos para evitar otra catástrofe como la que vivimos los nicaragüenses en la década de los años ochenta.
Máximo M. Castillo
La cultura de paz y el diálogo
Han pasado días de pérdidas y de profundos pesares para las familias nicaragüenses, adoloridas por la muerte de sus parientes y que eran nuestros conciudadanos. Actos como los perpetrados el pasado 19 de julio, son injustificables a los ojos de la razón y de la sensatez, pero al mismo tiempo hay que recordar que las violencias son explicables, y evitables cuando se superan las causas que las originan.
Una de las vías de superación de las violencias es la gestión de todos aquellos problemas posibles que generan la injusticia, la opresión o la explotación provenientes de los sistemas político, social y económico y que producen frustración, hambre, inseguridad, miedo y traumas en las gentes. Esto lo han repetido en muchas ocasiones los especialistas, los investigadores de la paz y los constructores de paz, sin embargo muchas veces se ignora este principio de prevención de la violencia y de los conflictos que es atender las raíces del enfrentamiento. Y esto no es solo por parte de los políticos o de los ciudadanos sino también de los gobiernos que no atienden las alertas y los signos que da la población de sus carencias, pobrezas y reclamos de los derechos humanos fundamentales.
Por otra parte, escuchamos que la paz la invocan los partidos políticos, al alto clero, los organismos de defensa de los derechos humanos, líderes de la empresa privada, las comunidades universitarias, los sindicatos y los medios de comunicación y en el fondo todos en Nicaragua queremos la paz duradera que nace de la justicia. De ahí que sea necesario más desarrollo, más democracia y más derechos humanos para que el pueblo que exige desde hace décadas la paz y el buen vivir, los disfrute. Pero si queremos la paz, debemos prepararnos con las herramientas de la paz.
Nuestro país necesita la verdad tanto como el desarrollo, la participación democrática no la impostura de una tal democracia directa que ni es directa ni es democracia sino máscara del autoritarismo y la concentración de poder. Solo aquellos que caen bajo el encantamiento del clientelismo, pueden soportar esa intolerable forma de ejercer el poder que es nombrarse a sí mismo el mesías de un pueblo que no quiere iluminados sino satisfacer todas sus necesidades agravadas por la mediocridad y la falta de un proyecto de nación de los gobernantes, preocupados solo por el poder y la riqueza personal.
Una de las rutas más preciadas y humanas para resolver los pleitos, los enredos y los problemas que vive una sociedad sean estos políticos, económicos, es el diálogo. Pero no un diálogo de sordos, sino el que privilegia la escucha de los afectados que quieren hablarnos de sus demandas. El camino está prescrito: el de la cultura de la paz; una cultura viva del diálogo eficaz y el entendimiento, una nueva y civilizada manera de vivir y convivir con los otros; mediando la tolerancia no la fuerza ni el terror.
Erwin Silva
Miedo contra razón
Al leer el Editorial de LA PRENSA publicado viernes 25 de julio del corriente, titulado “Un país de gente con miedo”, me embargó de repente una rara tristeza, al recordar los horrorosos tiempos de la dictadura somocista, a la que critiqué en los medios de prensa sin que alguien me hiciera daño alguno, gracias a Dios. Sabía que me podían perjudicar, pero nunca tuve miedo, pues, ciudadano ingenuo creyente en la libertad de expresión, expuse mi crítica hasta que ya no fue necesario por supuesto, en contra de Somoza.
El dictador de entonces no era tan estúpido como para mandar a sus esbirros a callar a aquellos que le criticábamos, labor que se adjudicaban los serviles y fanáticos de la vieja dinastía. Pero es del miedo del pueblo de donde se sustentan los dictadores y no debemos propiciar ese fortalecimiento a costas de nuestro miedo.
Recuerdo el día en que Daniel Ortega “triunfó” en aquellas elecciones en las que recuperó el poder, cuando dijo: “En este país se respetará la libertad de prensa y la libertad de expresión; ya pueden empezar a insultarme y a hablar lo que quieran, ya que mi gobierno será un garante de la libertad la expresión del pueblo”. Quiero tomarle la palabra de hombre serio y de presidente honorable al señor Ortega, pidiéndole que ordene a sus seguidores no comportarse como bárbaros cuando el pueblo se manifiesta de cualquier manera, y menos cuando lo hace mediante la expresión escrita u oral en cualquiera de los medios de prensa del país.
Un pueblo que no manifiesta su criterio es un pueblo indigno de ser tratado como tal. ¿Es ese el pueblo que usted desea poblando esta noble patria que nos vio nacer a todos, señor presidente? “De lo que tengo miedo, es de tu miedo”, dijo Shakespeare, y realmente da miedo que el pueblo tenga miedo, pues este sentimiento solo vuelve más vulnerables a las personas, haciéndolas presa fácil de los poderosos.
Un verdadero presidente se siente fortalecido cuando su pueblo alza la voz, pues encuentra en este a un pueblo valiente, no así cuando calla, pues es esta una demostración de mediocridad, y un pueblo mediocre solo da a entender la mediocridad de sus gobernantes. Dijo Simón Bolívar: “Más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía” pero aunque cueste más mantener ese equilibrio, debemos hacer lo posible por mantenerlo, por bien de la Patria. Ya me fue cerrado un espacio de opinión que tuve en Jinotega en la televisión local y en la radio, por órdenes de un turbero, no de los de arriba, que cuidan muy bien su autoridad. Un pueblo miedoso merece ser pisoteado.
Ramón Pineda
Casas de empeño ¿y los bancos?
En un programa televisivo matutino, realizaron un reportaje sobre las Casas de Empeño. Si bien es cierto que estos negocios muchas veces cobran altos intereses y hasta quitan lo empeñado a las personas, también lo hacen los bancos propiedad de personas “honorables”, quienes cobran unos intereses excesivos llegando incluso a embargarles sus propiedades.
Cuando un cliente, termina de cancelar una deuda con alguna institución financiera, sea esta casa de empeño o banco, termina pagando diez veces más de la deuda contraída. Por otro lado, las instituciones que están al servicio de la supuesta “defensa de los consumidores” cuando uno les expone los diferentes casos con alguna institución financiera, supuestamente hacen gestiones a favor del ciudadano, pero al final, uno queda en lo mismo. Lo mismo ha pasado con los diputados que nunca han elaborado una ley contra los banqueros usureros.
En definitiva los ciudadanos que tenemos deudas con estas instituciones estamos como decimos en buen nicaragüense “manos arriba”.
Leopoldo Villarreal Marques
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