TPL es la sigla en inglés de Nivel de Preferencia Arancelaria, el cual consiste en un privilegio que se concedió a Nicaragua hace diez años, para que las empresas textiles de Zona Franca exportaran anualmente a Estados Unidos hasta cien millones de metros cuadrados de prendas de vestir, elaboradas con materia prima procedente de países fuera del Tratado de Libre Comercio de Estados Unidos con Centroamérica y República Dominicana, DR-Cafta por su sigla en inglés.
El privilegio del TPL se le concedió exclusivamente a Nicaragua por gestiones del entonces presidente Enrique Bolaños y la buena voluntad del presidente de Estados Unidos, en aquel momento George W. Bush, para darle oportunidad a la industria textil de Zona Franca de ponerse a la altura de los requerimientos del DR-Cafta. La vigencia del TPL fue por 10 años, estimando que un decenio era tiempo más que suficiente para que Nicaragua hiciera la tarea. De manera que el TPL expirará el 31 de diciembre de este año, pero según el Gobierno y las organizaciones empresariales de Nicaragua ese privilegio sigue siendo necesario y por eso han pedido a Estados Unidos que conceda una prórroga.
Se dice que al faltar el TPL, las empresas textiles que sigan utilizando materia prima importada de países fuera del DR-Cafta, tendrán que pagar impuestos para vender a EE. UU. Eso causaría un incremento de costos de hasta el 35 por ciento que repercutiría en el cierre de empresas y el desempleo para unas 30 mil personas trabajadoras.
A fines de julio del año pasado, el subsecretario de Comercio de Estados Unidos, Walter Bastian, visitó Nicaragua y enfrió la petición de prórroga del TPL. Bastian dijo a los representantes del Gobierno y los empresarios que eso no es competencia del Departamento de Comercio de Estados Unidos, sino del Congreso, pero además expresó la convicción de su Gobierno de que, con TPL o sin este, la industria textil de Nicaragua ya tiene “capacidad de competir globalmente y mantener su posición en el mercado norteamericano”.
La esperanza del Gobierno y la empresa privada de Nicaragua, es que en Estados Unidos sea aprobada una iniciativa de la senadora Dianne Fenstein, demócrata por California, quien propone extender el TPL por diez años más. Pero también está en trámite la propuesta alternativa de otra senadora demócrata, la señora Kay Hagan, de Carolina del Norte, para que el beneficio del TLP se mantenga solo para el seis por ciento de la industria textil de zona franca de Nicaragua.
No cabe ninguna duda de que la extensión del TPL sería beneficiosa para Nicaragua y ojalá que fuese aprobada. Sin embargo es necesario reconocer con franqueza que no se ha hecho lo necesario para no tener que depender del TPL. En particular, Daniel Ortega es incoherente al pedir la prórroga de ese privilegio estadounidense pero no deja de atacar y denigrar a Estados Unidos.
Lo mejor y lo más digno es trabajar y producir de manera competitiva en el exigente y complejo mundo de la economía globalizada, pero si se pide privilegios hay que hacer los méritos necesarios para obtenerlos.
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