El viernes 2 de mayo pasado, en el comentario editorial titulado De las vacas gordas a las vacas flacas nos referimos a un informe de la firma internacional calificadora de riesgo Moody´s Investors Service, que alertó “sobre las graves dificultades económicas que podrían sobrevenir en Nicaragua” por los cambios en la política petrolera de Venezuela que había venido engordando las vacas de la economía nacional. Pero no solo por eso. También por la roya que afectó gran parte de los cafetales del país, por la inminente sequía que el Consejo Agropecuario Centroamericano advirtió que perjudicaría gravemente la agricultura, por la falta de sostenibilidad del modesto crecimiento económico y por la ausencia de una sana gobernabilidad e institucionalidad democrática.
Ahora, este lunes 11 de agosto, bajo el título Se acaba la época de las vacas gordas, LA PRENSA ha informado sobre la reforma presupuestaria del Gobierno para reducir el gasto público, por los problemas que afronta en la recaudación de impuestos y captación de donaciones externas. La reforma, que reduce el gasto gubernamental en 3,200 millones de córdobas (unos 119 millones de dólares), fue enviada el viernes pasado a la Asamblea Nacional por mera formalidad pues la aplanadora oficialista la ratificará sin discusión y solo se podrán escuchar allí las voces de la reducida y débil oposición.
Como siempre ocurre en estos casos, los asalariados y particularmente la gente más pobre son los que tendrán que pagar y de hecho ya están pagando el costo principal de la llegada de las vacas flacas. Así lo demuestra la información que publicamos el domingo anterior, basados en los datos estadísticos del Banco Central, de que en los primeros siete meses de este año la canasta básica subió en casi 1,400 córdobas, 11 por ciento con respecto a diciembre del año pasado; mientras que el salario promedio en las diez principales actividades laborales aumentó solo en 351 córdobas, en el trimestre de enero a abril, y de allí a julio prácticamente no aumentó nada.
Ante esta situación se plantea la expectativa de si el Gobierno será capaz de tomar medidas oportunas y aplicar reformas eficaces, como las que sugieren la empresa privada y organismos especializados como Funides. Y también algunos se preguntan si acaso esta problemática económica podría tener consecuencias políticas y sociales. Al respecto, ya en febrero de este año cuando se comenzó a hablar de la inminente llegada de la etapa de las vacas flacas, un diputado de la oposición auguró que al menos provocaría la ruptura de la alianza de la empresa privada con el régimen de Daniel Ortega. Sin embargo esto no es necesariamente cierto, porque el “asocio” empresarial con el Gobierno no ha sido por la supuesta buena situación económica del país, sino por una estrategia empresarial de sobrevivencia mientras dure el orteguismo y la conveniencia política de Ortega.
Por otro lado, que la llegada de la época de vacas flacas motive grandes protestas sociales es algo que no se puede asegurar. Así debería ser, pero por el desánimo de la población lo más probable es que quienes salgan a protestar sean los mismos que han venido protestando hasta ahora, quizás apoyados por unos cuantos más.
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