Quieren meter el mono, dijeron
Si hace dieciocho años, en plena campaña electoral del 96, alguien hubiese salido advirtiendo que si Daniel Ortega ganaba las elecciones, nos olvidáramos que se iba a bajar por las buenas; que las elecciones, tal como las conocíamos hasta ese momento, desaparecerían; que se apropiaría del convenio petrolero que Nicaragua tenía con Venezuela; que en su gobierno se garrotearía a aquellos que protestaran en las calles; que reformaría la Constitución por las buenas o por las malas para repetir como presidente indefinidamente; que volvería a hacer del Ejército y la Policía dos órganos partidarios; que volvería la tortura, la capucha y los desaparecidos, que los Ortega se volverían una de las familias más ricas de Nicaragua a la sombra del Estado ¿Qué dirían, qué dijeron, los que acuerpaban la candidatura de Ortega? Que era un mono que quería meter la derecha para asustar al pueblo Que ya los tiempos no estaban para eso Pues, les tengo noticias: el mono ya está aquí.
Desaparecidos
Si a alguien lo llegan a sacar de su casa a la medianoche, sin orden de captura, sin que un juez emitiera orden de allanamiento, sin que le digan por qué ni a dónde se lo llevan ¿qué es? Si luego, la Policía niega tenerlo en su poder y no hay forma de que los familiares sepan quién lo detiene, dónde está y por qué se lo llevaron ¿cómo podemos llamarle a esa persona? ¿Detenido? ¿Investigado? No, llamémosle por su nombre: eso aquí y en la Conchinchina tiene un solo nombre: desaparecido. ¿Qué sucederá con estos desaparecidos? ¿Qué hará la Policía? ¿Va a reconocer que los tuvo al margen de toda ley cuando le toque presentarlos en un juicio o liberarlos como inocentes? La pregunta más bien es… ¿Aparecerán?
A un pasito
A los que no ven “tan mal” estas desapariciones se les olvida que entre llevarse a alguien sin reconocer que se le tiene en su poder y que aparezca el cuerpo del desaparecido en la cuesta El Plomo hay un solo paso. Eso ya lo pasamos, hombre.
El mono bonito
Parafraseando a Vargas Llosa ¿Cómo se jodió Nicaragua? Hace dieciocho años había consenso de que todas estas situaciones eran inaceptables. Los mismos orteguistas las rechazaban, se ponían furiosos, y decían que pronosticar un futuro tan aciago si el comandante ganaba, era una campaña negra, antiética. Un golpe bajo. El mono que quieren meter, decían. Ahora esas mismas personas ven bonito al mono. Ya les parece buena la reelección presidencial indefinida, no les parece mal que garroteen a los ciudadanos. “Para qué salen a la calle, si se quedarán en sus casas trabajando, nada les pasaría”, dicen. Llaman “proceso de investigación” a las desapariciones, la capucha y la tortura y a lo que antes llamaban robo, y por lo cual estuvo preso el expresidente Arnoldo Alemán, ahora lo consideran el derecho divino de los Ortega. ¡Sí que los tiempos están cambiando!
Juicio raro
¿Qué juicio es este? A cuatro personas se les acusa de tirar piedras por la muerte a balas de otros cinco. ¿Raro no? Tiran piedras y matan a balas… Bueno —puede pensar uno— en el proceso quedará en evidencia, o por el contrario se demostrará lo que a todas luces parece un disparate. Pero, ¿así cómo? Fíjense que el juez de la causa era hasta hace poco el abogado acusador, en otra causa, del partido que acusa; la Policía no permite que los defensores se entrevisten con los acusados, todo el proceso está sostenido en la información que la Policía sacó de los interrogatorios y ninguna prueba material, y el colmo, hasta un Policía va a representar a un testigo, para variar, anónimo ¿Puede haber mayor indefensión?
El reino de las mentiras
Bien lo dijo monseñor Silvio Báez, este es un país donde se ha entronizado la mentira. Te raja la cabeza a garrotazos un tipo que, paradójicamente, lleva puesta una camisa que dice “paz, trabajo y amor”. Se hacen elecciones que no eligen nada. Se hacen juicios que no juzgan. La Procuraduría de Derechos Humanos existe para defender a los violadores de Derechos Humanos. La Policía se pone la capucha y actúa como delincuente. “No conozco de ese caso”, dice el vocero de la Policía cuando le preguntan sobre algún pobre diablo, en el mismo momento que lo están reventando en las mazmorras de Auxilio Judicial, en El Chipote. Y, la mayor mentira, el descaro, a todo esto debemos llamarlo “Vivir bonito”.
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