Carlos R. Flores (*)
Recientemente en uno de nuestros seminarios profesionales conversábamos con unos colegas, sobre el porqué algunas iniciativas de mejora continua no lograban resultados sostenibles, en este caso, el sistema japonés de las 5S; y se convierten, como dice el argot popular, en meras “llamaradas de tuza”. Uno de los ejecutivos se lamentaba: “Somos buenos para iniciar, mediocres en dar seguimiento, pero definitivamente malos en alcanzar resultados sostenibles”.
Se comentaba que en esa iniciativa se asume heroicamente que algunos referentes relacionados con valores y perspectivas hacia el trabajo, de una sociedad tan particular como la japonesa, son adoptables y trasladables de una manera automática, hacia la nuestra; siendo esto un craso error, y que para puentear esas diferencias culturales, es necesario desarrollar esquemas de motivación y reconocimiento —no precisamente monetarios— que puedan eliminar esa brecha, entre una sociedad éticamente colectiva como es la nipona, y la nuestra, con sus inocultables fallas y desventuras, en la que el concepto del “otro”, o del prójimo, simplemente no existe.
En las empresas nicaragüenses con frecuencia se obvia el factor que yo le llamo “Qué Hay Para Mí”, el cual debe entenderse como el sentido que existe —o debiera existir— en hacer un trabajo de excelencia, o en este caso, de cumplir con los postulados de una iniciativa de mejora continua, que demanda comportamientos específicos, a contravía del pensamiento y costumbres colectivas nuestras, que ejercen a veces un grave contrapeso por su cargada individualidad, minimización del esfuerzo o evasión de responsabilidades. Se admite, ingenuamente, como algo natural, que el personal realizará las tareas de la nueva iniciativa —que a veces son percibidas como adicionales y sin objetivo— de manera automática, que surgirá espontáneamente aquella “mística”, que ahora se conoce como “recorrer el kilómetro adicional”, entre otras posiciones frecuentemente ilusorias.
El colaborador requiere no solamente tener claro el porqué de los beneficios de una iniciativa de mejora, sino también cuáles son las recompensas o reconocimientos que obtendrá para su propia persona, expresado esto en términos tangibles o medibles para que pueda comprometer, no solamente su físico, sino también su entera devoción. Algunas empresas desprecian o ignoran el “Qué Hay Para Mí”, como si no fuese parte de cualquier contraprestación natural en el modelo de “contrato psicológico” que existe en toda relación laboral, sobre todo cuando algunas iniciativas sin adecuada “vendibilidad” por la gerencia son entonces consideradas por los colaboradores como un tedio más, especialmente cuando se omite un mínimo reconocimiento al mérito, expresado en celebrar frecuentemente las pequeñas victorias, el cumplimiento de las metas establecidas, o bien destacar visiblemente a aquellas personas que realmente han contribuido a lograr resultados extraordinarios.
Se deja de lado, y a veces en forma olímpica, que el anhelo más grande de un funcionario es ser tratado integralmente en forma justa, lo cual motiva y potencia formidablemente su voluntad, ya que trae aparejada el otro deseo fundamental, que es hacer carrera, escalar posiciones, tener un sentido de logro y realización dentro de la empresa. El “Qué Hay Para Mí” debe evaluarse transversalmente en todas las iniciativas que la empresa tenga y calibrar el nivel de resultados logrados hasta ahora, identificando aquellos necesarios factores de motivación que puedan haberse omitido —en sus varias dimensiones— y entonces corregir y medir de nuevo el desempeño, y no asumir viciosamente que las metas se cumplirán por decreto, ya que como se dice, se puede comprar el sudor de la espalda, pero no el corazón, que es el que al fin incide en lograr lo extraordinario, lo cual debe tenerse presente cada vez que usted como gerencia emprenda una iniciativa de mejora, ya que por propia su experiencia, sabe muy bien que el “Qué Hay Para Mí” lo ha llevado hasta el sitio donde usted ahora está cómodamente sentado. [email protected]
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