Merian y el valor de la solidaridad

La fotografía en la que aparece el papa Francisco saludando cariñosamente a Merian Ibrahin, quien carga en los brazos a su pequeño hijo, ha recorrido el mundo como una gráfica y emotiva demostración del valor de la fe, la esperanza y la solidaridad.

Hace poco más de dos meses, el 17 de mayo del año en curso, en este mismo espacio editorial y bajo el título Otra mujer martirizada por su fe comentamos el dramático y emocionante caso de Merian Ibrahin, una joven mujer sudanesa de 27 años, embarazada y además con un bebé de veinte meses, quien fue condenada a muerte por un tribunal de Sudán por negarse a aceptar una orden judicial de que debía renegar de su fe cristiana. Según la sentencia del tribunal de Sudán, país africano cuya religión oficial es el islam, antes de ser ejecutada Merian debía sufrir cien latigazos porque además de ser acusada de renegar de la fe musulmana, también se le imputó falsamente el delito de adulterio.

Merian no podía haber renegado del islamismo porque siempre ha sido cristiana. Su padre era musulmán, pero abandonó el hogar cuando Merian apenas era una bebé, y su madre, cristiana de la Iglesia ortodoxa etíope, la formó en la fe cristiana por la cual ahora ella ha estado dispuesta incluso a sacrificar su propia vida.

Además, aunque hubiese sido musulmana Merian tenía y tiene derecho a cambiar de religión si tal fuese su voluntad, pues, como señalamos en el editorial del 17 de mayo, “La libertad religiosa y el derecho a la vida son dos de los valores más preciosos de la humanidad y todos los países del mundo que son parte de las Naciones Unidas, como es el caso de Sudán, tienen la obligación de respetarlos”. Y citamos textualmente, en aquella ocasión, los artículos 3 y 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en los cuales están consagrados los derechos inalienables a la vida, la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, que incluye la libertad de cambiar de creencia religiosa.

Muchísima gente y organismos laicos y cristianos de todas partes del mundo se movilizaron en defensa de Merian. Inclusive en Nicaragua hubo personas que suscribieron los petitorios electrónicos en favor de la vida y la libertad de la heroica mujer cristiana, enviados al gobierno sudanés. Felizmente la campaña dio su fruto y ahora Merian está viva, en libertad y fuera de su país.

“Salvar a una cristiana condenada a muerte en una cárcel lejana es posible —ha expresado el organismo español MasLibres.org que por medio de internet promueve campañas de solidaridad cristiana—. Lo es si perseveramos. ¡Y la siguiente ha de ser Asia Bibi!”

El caso de Asia Bibi también ha sido comentado editorialmente por LA PRENSA. Ella es una mujer católica de Pakistán, casada y madre de cinco hijos. Fue condenada a muerte el 8 de noviembre de 2010 por la falsa acusación de blasfemar contra Mahoma y por no querer renunciar a su fe cristiana para abrazar el islamismo. Asia Bibi está en la cárcel con la sentencia de muerte pendiente de ejecución. Mientras tanto, la humanidad cristiana reza y lucha para salvar su vida y recuperar su libertad, como ya se logró con Merian Ibrahin gracias a la poderosa fuerza de la oración y la solidaridad.

COMENTARIOS

  1. Gerardo S. Urrutia
    Hace 12 años

    Felicitamos al Santo Padre por su valiente y bondadoso gesto. Algo que debieran imitar Barrrack Obama, Maduro, Ortega, el coquero Morales, Correa,resto del coro de los ángeles del ALBA y todos los gobernantes del mundo.A los amos de Cuba no nombro porque son zorras del mismo piñal. ¡Adelante Papa Francisco! es hora que alguien de peso asuma el liderazgo y enfrente al jihad del odio y de la muerte, y salven del martirio a Asia Bibi.

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