El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, se fue muy entusiasmado de Nicaragua después de participar en la celebración del 35 aniversario de la Revolución Sandinista, el 19 de julio recién pasado.
Juan Hernández, de Honduras; Nicolás Maduro, de Venezuela; y Salvador Sánchez Cerén, de El Salvador, fueron los únicos jefes de Estado que acompañaron a Daniel Ortega en la celebración partidista del 19 de julio. Junto a ellos, el personaje internacional más destacado fue el comandante comunista cubano Ramiro Valdez, vicepresidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros de Cuba, en cuya trayectoria lo que más se destaca es que fue jefe del temible organismo represivo G2, equivalente cubano de la KGB soviética y la Stasi de Alemania Oriental y ministro del Interior en las etapas de la más cruda represión de la dictadura totalitaria cubana.
Pero el presidente de Honduras se miraba muy contento con tan singular compañía. Seguramente le impresionó y envidió la enorme multitud que llegó a idolatrar a Daniel Ortega, sobre todo la gran cantidad de jóvenes uniformados con camisetas partidistas que ocupaban gran parte de la tribuna presidencial. De allí que al final de la celebración, el mandatario hondureño dijera eufóricamente que se iba de Nicaragua “contagiado de este movimiento juvenil”, refiriéndose a la gran cantidad de miembros de la Juventud Sandinista que tanto arriba, en la tribuna, como entre la multitud, abajo, coreaban las consignas oficialistas.
Pero muy mal anda el presidente de Honduras y poco conoce Nicaragua si cree que el “movimiento juvenil” orteguista es el modelo de juventud que necesita su país.
Solo tres días después de la concentración orteguista del 19 de julio —la cual fue tan gigantesca como son todas las celebraciones políticas en los regímenes totalitarios—, un prominente educador nicaragüense se refirió con crudas palabras al desastroso y deplorable estado en el cual se encuentran actualmente los jóvenes estudiantes de Nicaragua. Nos referimos al doctor Rafael Lucio Gil, quien con motivo de celebrarse ayer el Día del Estudiante señaló en declaraciones a LA PRENSA, que por falta de un ambiente educativo suficientemente positivo los estudiantes de Nicaragua sufren los males de la incapacidad y la desesperanza aprendida.
“Hay jóvenes que aprenden a ser incapaces porque en el aula los profesores los tachan de que no valen, que no sirven, que no pueden. Muchos aprenden a desesperarse, a frustrarse porque no ven salidas y todos los días hay jóvenes que se van del país porque las condiciones del país así lo están planteando”, expresó el experto educativo. “Lo que se está haciendo es creando robots, gente que no piensa”, añadió Lucio Gil, coordinador del Instituto de Educación de la Universidad Centroamericana (Ideuca).
Es que el modelo educativo del orteguismo es para robotizar a los jóvenes, no para educarlos y formarlos como seres pensantes y críticos. Eso lo pudo ver el presidente de Honduras en la celebración orteguista del 19 de julio, sin embargo, en vez de deprimirse con tan lamentable espectáculo, como se deprimiría cualquier persona democrática, se entusiasmó con él y al parecer lo quisiera también para su país. Pobre del pueblo hondureño si su sorprendente presidente o cualquier otro político trasnochado o despistado pudiera alcanzar ese despropósito.
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