El develamiento de la hasta hoy insospechada fortuna y opulento tren de vida que lleva el dictador Fidel Alejandro Castro Ruz ha desatado, al menos al otro lado del Atlántico, una verdadera tempestad mediática. El asunto no alcanzará tanto revuelo si Castro no fuera aquel hombre que se desgarra las barbas ante la impotencia de no poder radicar la pobreza global. Del hombre que empequeñece casi hasta la ridiculez la figura maternal y emblemática de la Madre Teresa de Calcuta, fundadora de la congregación de |las Misioneras de la Caridad, reconocidas a nivel mundial por su denodado afán por los pobres. A este mentor de dictadores de izquierda no se le pude comparar con nadie en la tierra al momento de sentir un “amor profundo” por los desposeídos y oprimidos del mundo.
El 16 de febrero 1959 el demagogo Fidel Castro dijo: “Tengo la seguridad de que en el curso de breves años elevaremos el estándar de vida del cubano superando al de los Estados Unidos y Rusia”. Como vemos, cuando Fidel asaltó el poder aquel primero de enero de 1959, estaba colmado de buenas intenciones, pero, como “ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río”, según la doctrina del cambio de Heráclito que sostiene que nada escapa al proceso de transformación, Fidel el déspota cambió por completo sus ideales primigenios, y peor aún, gracias a quien fuere su guardaespaldas por diecisiete años, Juan Reynaldo Sánchez, sabemos que también practica la doble moral, pues, “en contra de lo que siempre dice, nunca ha renunciado al confort del capitalismo ni ha elegido vivir con austeridad”.
Don Reynaldo también expresa que para el disfrute ilimitado de placeres, que el mismo Fidel le ha negado a la mayoría de los cubanos, el “exmandatario” posee nada menos que una paradisíaca isla privada llamada Cayo Piedra, más de veinte mansiones, una marina con yates de lujos, caudalosas cuentas bancarias cifradas, una mina de oro, criadas, cocineros uniformados y hasta una fábrica de quesos para su uso personal.
En declaraciones que vertiera al diario español ABC, el exteniente coronel del Ministerio del Interior (Minint) asegura que “uno de los mayores secretos de la dictadura cubana es la vida privada oculta que Fidel siempre ha mantenido como un secreto de Estado, mientras exportaba al mundo la imagen de un sacrificado revolucionario que nunca se tomaba vacaciones, cuando en realidad vivía como un capitalista con todos los placeres de un monarca del siglo XVI y manejaba Cuba como si fuera un señor feudal”.
“La cara oculta de Fidel Castro”, que es el título de la obra que escribió Sánchez junto con el periodista francés Axel Gyldén, rompe con la utopía de un líder consagrado la revolución, también deja al descubierto que su socialismo puro era puro cuento, que nada había de verdad ni atino en los otrora quilométricos discursos donde cauterizaba la conciencia colectiva de la sociedad cubana haciéndoles creer cosas que solo existían como realidad en sus macabras fantasías de poseso paranoico.
En Nicaragua este modelo castrista está bien arraigado y va desde la extrema izquierda hasta la ultraderecha. Las mentes débiles predominan entre los nicaragüenses, pues aceptamos con sumisión y docilidad sectaria el destino impuesto por los totalitaristas de turno. Por ello es necesario que nazca en el seno de esta dictadura un Juan Reynaldo Sánchez, que destape —como solo las mentes intelectuales más potentes son capaces de hacer— la podredumbre con que se sustentan en el poder. El autor es intelectual chontaleño.
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