De escaparate en escaparate y sin rumbo fijo. José Antonio Tamayo, psicólogo del Centro Activa Psicología (Madrid), nos saca de las tiendas para explicarnos por qué puede llegar el consumismo a ser una verdadera adicción y lo utilizamos como método de evasión.
Los trastornos adictivos abarcan un amplio espectro de problemas relacionados con sustancias tóxicas, pero además también existen las llamadas “adicciones sociales”, que son las que se producen por conductas y comportamientos de los que las sufren. “Cualquier actividad que sea muy gratificante para el que la haga, puede convertirse en adictiva, aunque siempre dependerá del modo en el que se lleve a cabo”, afirma el experto.
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¿ES UN PROBLEMA?
Las compras “consumistas” no son una excepción a todo esto y pueden llegar a constituir un problema clínico de falta de control del impulso, además de ocasionar perjuicios en otros áreas de la vida de la persona.
La razón de ser de este potencial adictivo reside en el efecto que produce comprar en el estado emocional. “A veces se llama ‘capricho’ y, en la mayoría de las veces, supera las posibilidades económicas. Esta actividad no se planifica, ya que se decide sobre la marcha y tiene carácter impulsivo”, explica Tamayo.
Cuando se compra el objeto, se experimenta una gran excitación emocional. De hecho, cuanto mayor sea el tiempo de espera hasta que la persona se hace con el producto, más aumenta la intensidad del deseo.
Asimismo, hay otras circunstancias, como los conflictos familiares o laborales o la simple monotonía, que pueden contribuir a reforzar el comportamiento consumista y a aliviar los estados desagradables como la ansiedad y la tristeza.
LAS RAZONES
—Estar a la última: las modas y el deseo de seguirlas para no quedarse desfasados.
—Oportunidades: las rebajas, ofertas y descuentos pueden inducir en el consumidor la idea de que no deben dejar pasar la ocasión. Después, racionalizan la compra como algo necesario o útil.
—Socialización: comprar puede ser pretexto para una situación social, como quedar bien con amigos o familiares. “De la misma forma que se come y se bebe con más personas, aunque no se tenga hambre ni sed, también se puede comprar por comprar para pasar el rato con otros”.
—Desconexión: esta actividad puede servir como una vía de escape ante los problemas. Es un medio para levantar el ánimo o motivarse para hacer algo, como darse un capricho como premio.
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