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De escaparate en escaparate y sin rumbo fijo. José Antonio Tamayo, psicólogo del Centro Activa Psicología (Madrid), nos saca de las tiendas para explicarnos por qué puede llegar el consumismo a ser una verdadera adicción y lo utilizamos como método de evasión.

De escaparate en escaparate y sin rumbo fijo. José Antonio Tamayo, psicólogo del Centro Activa Psicología (Madrid), nos saca de las tiendas para explicarnos por qué puede llegar el consumismo a ser una verdadera adicción y lo utilizamos como método de evasión.

Los trastornos adictivos abarcan un amplio espectro de problemas relacionados con sustancias tóxicas, pero además también existen las llamadas “adicciones sociales”, que son las que se producen por conductas y comportamientos de los que las sufren. “Cualquier actividad que sea muy gratificante para el que la haga, puede convertirse en adictiva, aunque siempre dependerá del modo en el que se lleve a cabo”, afirma el experto.

[doap_box title=»¿Son ellas las grandes adictas?» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
La diferencia entre hombres y mujeres se encuentra en el tipo de productos que estos adquieren y no en la adicción a las compras. Ellas se decantan más por la cosmética, la ropa o los accesorios, mientras que los varones se inclinan más por las nuevas tecnologías. “La causa de que sea el sexo femenino el que disfrute, en muchas ocasiones, más de este hábito es que tiene una mayor preferencia por relacionarse con otras personas y lo hacen a través de las compras. Además, otra razón para esto podría ser que la sociedad no haya visto con buenos ojos esta actividad en los varones”, resalta Tamayo.

[/doap_box][doap_box title=»Gastar por gastar» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

Vivimos en una sociedad del bienestar y comprar ya no es un medio para alcanzar otros fines, sino que se ha convertido en un fin en sí mismo. “No es anecdótico el hecho de que una afición que comparten muchos miembros de la población consiste en ir de compras”, subraya José Antonio Tamayo, psicólogo. Normalmente, se hace en compañía de otras personas. Esto además se confirma a la hora de decir que “nos vamos de compras” y no que “vamos a comprar…”, ya que no se planifica lo que se busca comprar, sino que se decide sobre la marcha.

[/doap_box][doap_box title=»No es un trastorno» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

Resulta difícil delimitar cuándo el comportamiento de comprar entra dentro de lo normal, cuándo es excesivo o cuándo llega a ser patológico. El grado de trastorno depende de lo que cada sociedad considere aceptable para sus miembros, que, a su vez, puede variar según las situaciones. Como aseveran los especialistas, el concepto de lo normal y lo patológico sigue siendo algo resbaladizo y difuso a la hora de aplicarlo al comportamiento humano. “En nuestra sociedad se acepta este comportamiento. Es más, se alientan las compras en ciertas festividades o en el periodo de rebajas”.

[/doap_box][doap_box title=»Sabías» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

La adicción tiene tratamiento y es que se siguen los mismos métodos que con todos los comportamientos psicológicos de este tipo: concienciación acerca de la existencia del problema y su naturaleza. Motivación hacia el cambio. Colaboración del entorno más próximo (familia, amigos). Técnicas que conducen a adquirir el control deseado.

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¿ES UN PROBLEMA?

Las compras “consumistas” no son una excepción a todo esto y pueden llegar a constituir un problema clínico de falta de control del impulso, además de ocasionar perjuicios en otros áreas de la vida de la persona.

La razón de ser de este potencial adictivo reside en el efecto que produce comprar en el estado emocional. “A veces se llama ‘capricho’ y, en la mayoría de las veces, supera las posibilidades económicas. Esta actividad no se planifica, ya que se decide sobre la marcha y tiene carácter impulsivo”, explica Tamayo.

Cuando se compra el objeto, se experimenta una gran excitación emocional. De hecho, cuanto mayor sea el tiempo de espera hasta que la persona se hace con el producto, más aumenta la intensidad del deseo.

Asimismo, hay otras circunstancias, como los conflictos familiares o laborales o la simple monotonía, que pueden contribuir a reforzar el comportamiento consumista y a aliviar los estados desagradables como la ansiedad y la tristeza.

LAS RAZONES

—Estar a la última: las modas y el deseo de seguirlas para no quedarse desfasados.

—Oportunidades: las rebajas, ofertas y descuentos pueden inducir en el consumidor la idea de que no deben dejar pasar la ocasión. Después, racionalizan la compra como algo necesario o útil.

—Socialización: comprar puede ser pretexto para una situación social, como quedar bien con amigos o familiares. “De la misma forma que se come y se bebe con más personas, aunque no se tenga hambre ni sed, también se puede comprar por comprar para pasar el rato con otros”.

—Desconexión: esta actividad puede servir como una vía de escape ante los problemas. Es un medio para levantar el ánimo o motivarse para hacer algo, como darse un capricho como premio.

Espectáculo consumismo modas archivo

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