Ayer domingo 29 de junio se “celebró” el Día del Maestro.
La palabra “celebró” está entre comillas porque el día pasó sin pena ni gloria, pero eso es lo que menos nos debería de preocupar como sociedad, lo verdaderamente preocupante es que en Nicaragua ni a los maestros ni a la educación se les toma en serio y mientras eso no suceda no habrá manera de que este país salga de la pobreza. No importa cuántas ilusiones le vendan al pueblo de Nicaragua, la verdad es que si no se invierte en educación de calidad no se elevará el nivel de vida del nicaragüense.
No hay país en el mundo que haya alcanzado un buen nivel de vida para sus ciudadanos sin antes haber invertido en educación de calidad y eso, claramente, pasa por invertir en los maestros, en pagarles un salario digno, en capacitarlos, en darles los instrumentos y las condiciones apropiadas para educar a los niños y jóvenes.
Sin embargo, Nicaragua, en sus casi 193 años de vida independiente, nunca ha puesto a la educación ni a los maestros como prioridad.
Para medir esta realidad bastan un par de datos que nos demuestran con meridiana claridad que esta sociedad no está enfocada en la educación y sus principales pilares, los maestros.
Para comenzar, el salario. Los maestros de primaria de las escuelas públicas reciben 5,550 córdobas (210 dólares) y los de educación media 6,000 (230 dólares). Estos últimos ganan el equivalente al salario mínimo de los obreros de la construcción. Cuando una sociedad considera que sus maestros deben ganar el mínimo que gana un ayudante de albañil algo anda muy mal.
Pero hay otro dato que nos indica el poco valor que damos a la labor del docente dentro del aula de clases y en su relación con los educandos. El Día del Maestro en Nicaragua se celebra en honor a la participación del maestro Enmanuel Mongalo en la guerra contra los filibusteros.
El maestro Mongalo sin duda merece el reconocimiento nacional porque tuvo una acción heroica al incendiar “El Mesón”, donde los filibusteros se habían parapetado, pero esa acción no tiene relación alguna con la noble labor que durante décadas han realizado los maestros nicaragüenses en circunstancias precarias.
Y son esas situaciones precarias las que debe erradicar la sociedad si lo que en realidad queremos es salir de la pobreza.
Construir las bases para erradicar esas circunstancias y crear las condiciones para que todos los niños y jóvenes de Nicaragua tengan una educación que les permita construirse un futuro mejor a su presente es tarea de todos. No es tarea solo de los gobiernos, es tarea de los ciudadanos incluso a pesar de los gobiernos.
Como nicaragüenses debemos tomar la educación y a los maestros en serio. Ya hay esfuerzos interesantes que realizan organizaciones y personas paralelo al Gobierno, pero esos esfuerzos no pasarán de ser una gota de agua en el océano si no empujamos todos en la misma dirección.
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