Elízabeth Romero
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A criterio de Jiménez, pese al incremento de la violencia contra las mujeres, hay un estado de desprotección a estas. Apuntó que cuando las mujeres acuden a denunciar sus casos más bien “lo que hacen es responsabilizarlas de la propia violencia”, en lugar de actuar contra los agresores o establecer medidas de protección.
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De dos años de relación, uno fue un verdadero calvario para Angélica. A las infidelidades de su pareja le siguieron los golpes, el abuso sexual y hasta sentir la muerte de cerca cuando ella era el blanco al que su agresor le apuntaba, después de cargar una pistola. Esto ocurrió en más de veinte ocasiones.
“Sentís helado, sentís que el mundo se te viene encima, solo pensás en Dios, ‘Dios mío que no dispare’, yo solo cerraba mis ojos”. Así resume Angélica lo que ha experimentado las veces que sintió que su vida dependía de que el hombre jalara o no el gatillo. Una vez hasta le llegó a abrir la boca para meterle el cañón del arma de fuego.
El relato por un poco más de una hora fue interrumpido de forma constante por el llanto de la mujer, quien impotente relató el calvario al que ha sido sometida en los últimos 12 meses de su vida.
Extrañamente la mujer ha denunciado la violencia en varias ocasiones, incluso cuando después de una golpiza sufrió aborto, pero su caso nunca ha sido llevado a los juzgados para poner al agresor ante los tribunales.
“Yo tuve un error, retiré dos denuncias”, dice la mujer en tono de culpa ante la directora del Centro Acción Ya, Martha Munguía.
Ella desconoce que según la Ley 779, Contra la Violencia Hacia la Mujer, las autoridades están obligadas a actuar incluso contra la voluntad de la víctima y acusar de oficio. Pero las autoridades más bien le dijeron en una ocasión a Angélica que con tantas denuncias la enviarían a un psiquiátrico.
Al empezar su relato Angélica aclaró que estaba dispuesta a contar su historia, pues teme por su vida. En el drama vivido le ha pasado de todo, como que hasta los vigilantes del negocio de su cónyuge le hayan amenazado con pistola o machetes, aparentemente por envío de este. Después de sostener la última denuncia, que ya lleva unos 18 días en poder de la Fiscalía, Angélica refirió que su expareja le ha reclamado que le regrese incluso el televisor y la cama, pero ella alega que también trabajaba en el negocio que este posee, por tanto nada le fue regalado.
La mujer busca con el Centro Acción Ya una forma de protección, pues teme que su agresor cumpla su amenaza. “Él va a cumplir su promesa”, apuntó Angélica, quien recuerda que el hombre le ha repetido “yo tengo plata para mandarte a matar”. En esta ocasión dice que no retirará la denuncia, pues otras veces, cuando el hombre la golpeaba después le repetía “perdoname mamacita, no lo vuelvo a hacer” y ella accedía, y así vivió en una espiral de violencia que ahora lamenta.
Por ejemplo, en diciembre pasado en una ocasión un taxista la auxilió cuando ella corría “porque él iba con la pistola en la mano”. El taxista la llevó al Distrito Tres de la Policía que está cerca del lugar, “y la Policía no me quiso agarrar la denuncia. Me dijeron ‘¡ah, otra vez!’”.
PROTECCIÓN Y ACOMPAÑAMIENTO
Munguía dijo que el centro brindará protección a la denunciante “para evitar que sea un número más de femicidio, porque el agresor es peligroso”.
El centro también le proporcionará acompañamiento legal, pues Munguía considera que es fundamental que el caso sea llevado a la justicia, “porque si en este país hubiera justicia, los agresores no anduvieran libres y las mujeres (estuvieran) en un albergue”.
El caso de Angélica es similar al de muchas mujeres atendidas en el centro y a quienes sus cónyuges han intentado matar y que según Munguía “potencialmente podrían estar en la lista de femicidios”.
Munguía consideró que Angélica necesita “un plan de seguridad”. Y una de las críticas que hizo fue que cuando las mujeres acuden a las Comisarías a ninguna le orientan un plan de seguridad o les hacen una valoración de riesgo para que se protejan, tampoco las refieren a los centros de mujeres.
El caso que vive Angélica es similar al que sufren miles de mujeres en el país.
Luz Marina Tórrez, del Colectivo Ocho de Marzo, que cuenta con un albergue en Managua, aseguró que las mujeres llegan “sumamente deprimidas, con mucho conflicto interno, porque creyeron en el agresor, (y) porque la sociedad las cuestiona”.
La violencia psicológica y física y económica, son las causas frecuentes que las mujeres exponen y sufren en su mayoría por parte de sus parejas, al llegar al centro.
Recordó Tórrez el caso de Lucía Alvarado Cisnero, a quien acompañó hace como un año, y a quien el hombre primero intentó quitarle la vida de un balazo, luego de una pedrada que la mantuvo hospitalizada por más de un mes, después le asestó una cuchillada, pero sobrevivió. En una cuarta ocasión el hombre llamó a la mujer bajo el alegato que le pediría perdón, Alvarado no se confió y lo comunicó a las mujeres del colectivo.
La mujer acudió a la cita, en el semáforo del Hospital Vélez Paiz, el hombre la localizó e intentó terminar lo que en tres ocasiones había comenzado e intentó acuchillarla, pero la Policía que estaba avisada lo detuvo.
Alvarado tuvo que dejar el país ante las amenazas de la familia de su atacante, después que este fue condenado a 22 años de cárcel.
El tema de la violencia fue objeto de recomendaciones a Nicaragua por parte de los Estados durante el Examen Periódico Universal (EPU), efectuado en mayo pasado en Ginebra.
“Nicaragua debe insistir en el carácter prioritario que constituye a nivel regional el combate a la violencia contra la mujer”, pidió por ejemplo Chile, mientras Brasil solicitó que se establezca un programa de atención a las víctimas de la “violencia machista”.
Hace pocos días la jefa de las Comisarías, comisionada mayor Erlinda Castillo, dijo a LA PRENSA que profundizan en el trabajo de la prevención de la violencia con Comisarías móviles en todo el país.
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