En este ambiente de celebración futbolística se mezclan las noticias de guerra, ataques aéreos y la destrucción de miles de vidas en Siria, Ucrania, Irak y otros lugares del mundo.
Veo en un canal internacional una noticia sobre un ataque aéreo en el que acaban de morir veinte civiles sirios, entre ellos “varios niños”. Cambio rápidamente el canal para no escuchar la noticia completa y me percato de lo fácil que me resulta volver a mi rutina y olvidar esas muertes, esos ataques que ocurren al otro lado del mundo. Pero en el fondo no puedo dejar de pensar en esos niños, en esos muertos y en sus familias y en aquellos pueblos que no tienen esa opción de cambiar el canal y volver a sus vidas. Están allí solos, paralizados, olvidados por el mundo que en estos días, durante un mes entero, está más pendiente del desempeño de Messi y del Mundial de Futbol que del futuro de los pueblos en guerra.
Me quedo por varios minutos perpleja, reflexionando sobre la capacidad de los seres humanos de ver estas noticias tristes y terribles y segundos después volver con emoción a la celebración del último gol de “su equipo”. Lo vemos normal, “así es la vida”, así nos lo dan a entender los mismos presentadores de noticias que nos transmiten los horrores con rostros serios y compungidos y segundos después nos informan con una sonrisa que Jennifer López acaba de lanzar su nueva canción Booty .
No termino de entender esa extraña mezcla de noticias y me pregunto si el ser humano no habrá llegado a un nivel de alienación en el que ya solo cuenta lo que lo hace feliz o lo relaja en cada momento. Se debe tal vez que ante nuestra individual impotencia ante el mundo, hemos optado por seguir como las hormiguitas haciendo lo nuestro, cruzando los dedos día a día o pidiéndole a Dios que nos proteja y nos mantenga en el grupo de los “bendecidos”.
Veo la noticia de que el presidente Mujica, de Uruguay, acogerá a cien refugiados sirios. Esa respuesta de un mandatario, ante la urgencia y el drama que viven millones de refugiados, me llena de esperanza sobre el ser humano, aunque esta sea solo una simbólica buena intención y no una verdadera respuesta a la avalancha de refugiados.
Luego veo una noticia de que “los ojos del mundo están puestos en lo que Letizia lucirá en la proclamación de Felipe VI” y vuelve a hacerse evidente la frivolidad que predomina en el ser humano. Y entonces me doy cuenta de cuán importante es que como sociedad evaluemos sistemáticamente nuestras conciencias, que nuestra educación no se limite al aprendizaje de las ciencias y a nuestra propia superación material, sino que incluya el lado espiritual y trascendental del ser humano, como lo han expresado oportunamente los pastores católicos. Creo que solo así podremos ver lo que pasa más allá de nuestras narices con un sentido más claro y altruista, y percatarnos, finalmente, que lo que pasa allá lejos, nos afecta a todos porque en el nivel espiritual no existen distancias, todos estamos conectados. La autora es economista
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