“Ha sido una aventura escribir esta novela, desde su construcción y la investigación alrededor de un personaje como William Walker y su historia”, dice León de la Torre Krais, quien esta vez se revela como novelista y deja por un momento su papel de embajador de España.
Yo, William Walker es su primera novela, en ella la ficción toma el papel protagónico sin dejar de un lado la historia donde descansan la mayoría de sus argumentos para enfocarse en uno de los personajes más siniestros que ha pasado por la historia nacional.
¿De él qué se puede decir?, “es fascinante su historia y su pasa por el país, sus grandes pasiones”, advierte De la Torre Krais.
León, quien inició la novela hace año y medio, finaliza su misión diplomática en Nicaragua y se despide como escritor dejando que sean los lectores los que tengan la última palabra, un reto que emprende en su nueva faceta de creador. Ahora cuenta la historia que es novela.
¿Por qué llama su atención un personaje como William Walker?
Me di cuenta que no había una novela de esa época sobre el personaje de William Walker, como he estado en Granada y he estudiado la historia de la ciudad pues empecé a idear una novela que estudiara la historia de Nicaragua. La invasión de Walker, la guerra que había al mismo tiempo entre Estados Unidos, Inglaterra y otros

países por controlar el tránsito y la guerra que había en Wall Street entre los grandes empresarios de la época por controlar la compañía de tránsito y me pareció que tenía todos los insumos para una novela, no había que inventar gran cosa, ya de por sí, la realidad era novelesca, ahí empecé hace año y medio, así que hice la novela de William Walker.
¿Qué le dice un personaje como Walker?
De él, siempre se hace un juicio critico, pero también es alguien al que hay que reconocerle una inteligencia y una habilidad extraordinaria, no fue solamente un filibustero sino médico, abogado, periodista, incluso dueño de periódicos, de los precursores de apreciar los medios de comunicación, él inició escribiendo artículos en los Estados Unidos para conseguir adeptos de su causa y aquí fundó El nicaragüense que era un instrumento de propaganda que no tenía otro igual en el país pero que le permitía jugar con estos medios de comunicación y la prensa a su favor.
¿Ha tenido otros intentos de novela? ¿Por qué hasta ahora este impulso?
Siempre lo he tenido y he escrito cuentos. Algunas las he enviado a concurso, nunca había tenido el tiempo de lanzarme a una novela, alguna vez lo pensé pero no encontraba ese momento y que se diera esa temática.
LA HISTORIA COMO BASE
¿Cómo juega con esta historia de Nicaragua de traiciones y desventuras?
Leí el relato de William Walker Guerra en Nicaragua, que escribió en 1860 y que es la primera justificación de la primera invasión en Nicaragua. Mi novela la he planteado como un segundo libro en primera persona desde el más allá, desde donde William Walker intenta justificar su vida e intentando enfrentar las críticas.
Es el estar en ese paralelismo con ese juego como la segunda parte de El Quijote que es para desautorizar y dar continuidad a lo que escribieron otras personas, sobre todo como lo hizo Avellaneda. Es una forma de explicar su propia vida en este caso es desde el más allá y es la forma que encontré.
En su novela toca un tema de agenda nacional como el Canal Interoceánico, ¿por qué?
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Bueno lleva 500 años en la agenda desde que Carlos V enviara a los primeros ingenieros italianos a ver si se podía unir la Mar Dulce por ambos lados, ha sido un tema recurrente en la historia de Nicaragua. Ha sido un tema de agenda internacional el canal y por eso se peleaban Estados Unidos, Inglaterra, el Reino Unido, Francia, y otros país por tener el control de ese fabuloso camino que todo despertó, como también lo cuento en la novela, con la fiebre del oro.
Es apasionante sobre Cornelius Vanderbilt y la compañía de tránsito, porque las distintas concesiones que se han entregado a varios país significa que este ha sido el gran sueño de muchos y el de Nicaragua, pero que en esa época le trajo muchas pérdidas a Nicaragua porque nunca le llegaron a pagar las empresas que siempre alegaban pérdidas para no pagar los derechos y se enriquecieron ellos, por supuesto porque fueron muchos de los norteamericanos y colonos de otros países que cruzaron el canal para ir de la costa este a la oeste y viceversa.
¿Qué pasiones son las que llevan a Walker a ser como es y cómo las expone?
La más grande pasión es el poder que es como su droga, él dice sentirse el predestinado como lo dijo Alejandro Bolaños en su libro El predestinado de los ojos grises , que es un trabajo casi clínico de él.
Walker se creía el llamado por los dioses a crear un imperio centroamericano, el sabía que los Estados Unidos tenían una guerra civil y él lo que quería era conseguir mayor territorio para apoyar la causa del sur, con el tiempo se dio cuenta que necesitaba aliados y que no conseguiría a otros más que la causa de los esclavos del sur de los Estados Unidos.
También él creía que así podía controlar Nicaragua, un país que en ese momento tenía 200 mil habitantes. Él pensaba que su éxito estaba en la mano de obra negra con una minoría blanca e instaurar la esclavitud, cosa que hizo por decreto que no pudo llevar a cabo porque estaban en guerra pero esos eran sus planes.
¿Difícil o fácil le fue reconstruir el personaje?
Consulté más de una veintena de libros sobre la época, tuve acceso a bibliotecas de los Estados Unidos, conversé con historiadores nicaragüenses, personajes de Granada que me han contado pasajes de la época del siglo XIX y por supuesto el escritor Sergio Ramírez, quien me ha guiado a partir de la primera versión de mi novela, y al que le debo muchísimo por haber llevado a buen puerto este proyecto. Ha sido entretenido construirla, primero construí un andamiaje histórico desde su nacimiento hasta su muerte con muchos datos y luego reconstruí todo eso, luego dejé lo esencial que me ha permitido mucha libertad porque sabemos muy poco de William Walker.
ENAMORADO DE LA MADRE
¿Un hombre con muchos complejos que probablemente no fue feliz?
Bolaños dice en su libro que tenía el complejo de Edipo que estaba enamorado de su madre y probablemente nunca tuvo una relación tan estrecha como con su madre, ella le protegió, le cuidó, y lo entendió como nadie.
Cuando él era un niño era objeto de burlas por su estatura de ser pequeño y débil, eso le generó probablemente muchos complejos. Él siempre comparaba a las mujeres con su madre y nunca la llegaron a igualar según él. Tuvo una novia sordomuda, eso también querrá decir algo, pues le costaba comunicarse, pero a la que quiso con cierta distancia quizás de una forma platónica.
También tuvo una relación que no fue más que una convivencia con Hogan quien estaba en Granada, muy leída muy instruida, de descendencia holandesa, era culta y con la que tenía muchas discusiones y no la miraba como un igual, ya que ella era una mujer muy libre.
PERSONAJES DE NOVELA
¿Algún hallazgo curioso en este proceso de investigar la historia?
No me lo he inventado, pero existe la posibilidad que él haya tenido un hijo con una ciudadana de Granada, aquí por supuesto lo recojo porque es un hecho novelesco, nunca se llegó a casar con ella, pero deja abierta la puerta de que hay sangre de William Walker en alguna familia nicaragüense.
Hay algunos personajes que aparecen como secundarios, pero que son novelescos, como un duque francés que se refugió en Nicaragua y que estando en el país era muy difícil que se le reconociera, se supone que la casa que él construyó en Granada es donde está el hotel de La Gran Francia, es un personaje secundario, pero digno de otra novela, ya que él simuló su entierro para huir de Francia.
¿Le atraen las novelas históricas? ¿’Por qué gusta de ellas?
Me gustan, sobre todo que no esté clara la realidad, esa línea divisoria que hay entre ambas, la realidad y la ficción.
Me gusta que el lector se quede pensando en los hechos, y que medite cuando está leyendo sobre la misma ficción.
Ha sido muy cercano a los intelectuales nicaragüenses, es presidente honorario del Festival Internacional de Poesía de Granada. ¿Qué impresión tiene de los escritores?
Nicaragua es un país muy rico en cultura, y por ello me he volcado, es un país especialmente creativo con mucha sensibilidad. Es una puerta de entrada al país, el tener contacto con creadores me ha facilitado entender el país, comprender la historia, he conocido Nicaragua a través de los ojos de sus artistas.
“He querido mezclar la historia con la novela, dejar un relato atractivo a los lectores, este personaje (Walker) me ha permitido para definirlo como él es”.
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