El pasado 6 de junio, el diputado Santiago Aburto publicó un artículo con una propuesta a la clase política y al pueblo en general, propuesta que a mi juicio es muy interesante. En su reflexión, nos pedía sopesar la posibilidad de una unidad opositora que de verdad se plante con posiciones firmes y contundentes ante las arbitrariedades del régimen. Propuso, que nos planteáramos un decálogo en el que entre otras cosas se suscribiera el compromiso de “no asistir a ninguna elección con los magistrados corruptos que han adulterado en favor del partido de gobierno, los resultados de las últimas cuatro elecciones y que a su vez se exigieran cambios sustanciales al sistema electoral, cambios que permitan una elección creíble y auditable”. Quiero decirles, que esta propuesta la he compartido con nicaragüenses de distintas posiciones sociales, económicas y políticas, y todos sin excepción están de acuerdo en que asistir a otra elección en las actuales circunstancias, sería continuar con el zancudismo que hasta hoy ha prevalecido en las cúpulas de los partidos “opositores”.
Por el contrario, cuando abordé el tema con algunos dirigentes tanto del PLC como del PLI, al igual que de otros grupúsculos con ínfulas de partido. Estos fueron furibundos defensores de la máxima que hemos venido escuchando, (no se deben dejar espacios vacíos) otra justificación usada, que dicho sea de paso me pareció muy cínica, fue la de: si nosotros no vamos, van los otros y ellos ocuparán las curules en la Asamblea. Otra excusa digna de mención fue: si no participamos en las elecciones, nos va a pasar como en Venezuela y tendremos Ortega hasta la consumación de los siglos.
Personalmente considero dichas justificaciones colaboracionistas motivo por el que públicamente me declaro a favor de establecer una serie de premisas y compromisos entre quienes de verdad sentimos la necesidad de comprometernos seriamente con el retorno a una Nicaragua democrática, respetuosa de los derechos humanos de sus ciudadanos y en donde la independencia entre los poderes del Estado sea una realidad y no un embuste.
¿Qué hacer para lograrlo? A mi juicio, lo que hace falta es “refundar la oposición”, hacerlo con grupos, sean estos sociales o políticos, con o sin personería jurídica, pero todos con verdadera militancia para evitar las sopas de letras muy usadas por los colaboracionistas solapados. Volviendo con la iniciativa de Aburto, este de ninguna manera nos propone una abstención electoral pasiva, por el contrario, nos invita a unirnos con base en compromisos. Siendo el primero: el de aglutinarnos, conformar un bloque verdaderamente opositor y hacernos sentir tanto dentro como fuera de Nicaragua. Esto demostrará que es falso que nuestro pueblo sea apático a los problemas sociales que nos aquejan, se comprobó ante la problemática de los viejitos, con el cambio al sistema de pago en el transporte público, con las arbitrariedades en aduana y últimamente con el encarecimiento ficticio al precio de los frijoles. En todos ellos el pueblo se manifestó.
Recientemente Arturo José Cruz Sequeira, Francisco Aguirre y José Pallais, todos respetables politólogos, coinciden en que los “astros” se le están desalineando al Gobierno, yo considero que ese desalineamiento trae imponderables que nos ayudarán en nuestra lucha por el retorno de la democracia perdida. El autor fue comandante de la Resistencia Nicaragüense y actualmente es miembro del PLI.
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