Hugo Swire
Este año viajé personalmente a las Islas Falkland por primera vez. No hay necesidad de que diga lo extraordinarias que son, dueñas de un patrimonio ambiental de preciado valor que sin duda merece cualquier tipo de protección factible de proveerse. Aprendí acerca de las tradiciones, los desafíos y la maravillosa conciencia comunitaria que existe más allá de Stanley, cuando recorrí Goose Green, Volunteer Point y la Isla Falkland occidental, entre otros lugares. Me impresionó el entusiasmo de la generación más joven cuando visité la Falklands Community School. Y en todos los lugares que recorrí, tanto fuera como dentro de Stanley, quedé impactado por la calidez, la dedicación, la generosidad y el cauto optimismo del pueblo de las Falkland.
Regresé de mi visita convencido de que las Islas Falkland tienen un promisorio futuro, lo cual no quiere decir que no haya desafíos por delante, especialmente por los importantes cambios que se avecinan.
A nivel económico, los isleños siguen realizando su potencial, e incrementan su experiencia, reconocida a escala internacional, en áreas como cultivos orgánicos, ecoturismo y pesca. La llegada del impactante muelle temporario de Noble Energy a Stanley, hace algunas semanas, y el reciente contrato firmado por empresas británicas y una empresa estadounidense para realizar más perforaciones exploratorias el año próximo nos recuerdan que la exploración y la explotación hidrocarburífera constituyen una realidad que ofrece alentadoras perspectivas para el futuro de las Falkland y el resto de la región.
Pero hay otro cambio por venir en las Falkland, que tal vez sea el más profundo de todos. Y tiene que ver con la gente. Desde 1833, cuando se estableció una administración británica permanente en las Islas, durante el gobierno de Earl Grey, llegaron personas provenientes de más de cincuenta países a las Islas para conformar una comunidad pujante, dinámica y multicultural.
Hace poco más de un año esta comunidad transmitió un mensaje firme y de unidad al mundo acerca de su determinación de manejar su propio futuro. Ya no puede quedar absolutamente ninguna duda de cuál es su voluntad, compartida por muchísimos más que aquellos de origen británico.
De hecho, ahora se observa en los isleños un renovado aire de seguridad y orgullo derivado de su identidad como ciudadanos de las Islas Falkland. Los esfuerzos del gobierno argentino por intimidar y coaccionar a esta comunidad no solo han fracasado, sino que han resultado contraproducentes. Los isleños han tenido que sobreponerse a medidas potencialmente perjudiciales de parte de la Argentina, destinadas a dañar sus medios de vida. Asimismo, ya no nos sorprenden y nos hemos resignado a soportar maniobras efectistas, incluso en áreas donde no debería interferir la política, como por ejemplo la selección argentina de futbol posando con una bandera donde se afirma que las Islas son argentinas, lo cual a mi juicio no hace más que reforzar el sentimiento de unidad, identidad y comunidad de fines de los isleños.
Por eso, mejor escuchemos todos el mensaje que ellos nos transmiten: los isleños no van a entregar su país; no van a realizar concesiones en lo que respecta a sus derechos humanos, no van a renunciar a sus libertades políticas. Y el gobierno británico ha asumido el compromiso de defender a los isleños y su derecho a la autodeterminación con la fuerza mínima que sea necesaria durante el tiempo que se requiera.
Hace 32 años, frente a un ataque ilícito, sin previa provocación, soldados británicos se sacrificaron para liberar a las Islas de la ocupación extranjera y restablecer este derecho. Recordamos con gratitud y pesar a los 255 militares británicos que perdieron su vida, a quienes tuve el honor de rendir homenaje en el espléndidamente mantenido cementerio británico de San Carlos.
Pero también recordamos a los caídos argentinos, enviados a la muerte por un régimen militar, y el dolor de aquellas familias cuyos hijos, hermanos y padres jamás regresaron. A mí personalmente me resultó muy triste, cuando visité el cementerio argentino en Darwin bajo una torrencial lluvia, ver las tumbas de tantos jóvenes no identificados y “conocidos solo por Dios”. Es por eso que tanto nosotros como el gobierno de las Falkland mantenemos una actitud solidaria frente a cualquier pedido argentino de colaborar en los esfuerzos por identificar a sus caídos. Hemos dejado en claro ante el gobierno argentino que, si ese es el deseo de todas las familias, lo apropiado es que el gobierno argentino se comunique con nosotros y con el gobierno de las Islas Falkland de manera formal para instaurar un proceso que permita lograr este cometido. Lamentablemente, a pesar de lo que a veces se declara, o se denuncia falsamente en los medios argentinos, todavía no hemos recibido ninguna comunicación de parte del gobierno argentino en este sentido. Nuestro ofrecimiento sigue vigente. Estas cuestiones apelan a nuestro común sentimiento humanitario y no deben ser objeto de ningún juego político.
Y desde una perspectiva más general, obviamente nos gustaría tener una relación mutuamente beneficiosa con la Argentina en los años venideros. Si bien no podemos y no vamos a ceder en lo que respecta al principio de autodeterminación, las diferencias que nos separan no deberían impedirnos llevar una relación más productiva, como vecinos del Atlántico Sur. Sirve a los intereses de la región y los nuestros, esforzarnos por lograr una relación de armonía, respeto y cooperación entre las tres partes. El autor es Ministro de Estado del Reino Unido para américa latina. Texto editado de su discurso en ocasión de la recepción anual del Gobierno de las Islas Falkland, 10 de junio de 2014.
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