Justo Pastor Ramos

La madre: Génesis de nuestra vida

En mayo, mes de las flores y del dulce aroma del incienso, los nicaragüenses al igual que en muchos países del mundo celebramos con el más sentido afecto el Día de la Madre, un momento realmente emotivo y oportuno para reconocerle la gratitud de habernos traído a la vida y ofrecernos el calor de su regazo materno.

Sentimental celebración que tiene su origen en Virginia del Este, en 1912, desde donde se extiende por los Estados Unidos, América, China, y el Japón testimoniando de manera amorosa el amor a la madre, entre otros, se manifiesta mediante claveles rojos o blancos que prendidos en el pecho indican la presencia u ausencia de aquella que desde el momento de la concepción se dormiría rompiendo en sollozos bajo el desvelo de la inquieta noche; anhelando para su ser esperado un destino soñado.

Desde allí la madre es el “Génesis” de nuestra vida, concepto escrito en la memoria de Dios con la definición del Ángel divino que desde el verde vergel celestial donde nacen las áureas flores del más puro amor, nos entrega en limpia donación su preciosa esencia en la cual el Dios Señor de la Vida ha filtrado su mirada con el brillo de la naciente aurora llena de sueños y de esperanzas.

Supremo instante de amor inefable perfilado con el trino del alba y la inmensidad del mar, trascendiendo lo divino y lo histórico emanado en el jardín del Edén desde donde ella es primero la flor perfumada de un mundo primaveral reflejando en su sonrisa la inocencia de su juventud; luego esposa y madre compartiendo sueños realizables al calor de un hogar bajo el cual día a día derramará la miel de sus labios perennizando con esperanzas la vida ante un mundo lleno de felicidad al que llegaría en su momento la arcilla que en su vientre se acomoda cual el fruto soñado de su amor y con el que ha de cumplir desde entonces con noble misión su papel de madre y esposa. Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?

“Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba”. (Proverbios 31:10,13.)

Entonces será ella la de la caricia dulce, la de la mirada tierna y la del cotidiano beso materno; brotarán de sus pechos ríos de miel que como alborada de mariposas enamoradas saciarán el apetito del infante mientras ella con sus brazos abiertos ofrecerá el abrazo que da sentido a la vida y al amor.

Así es nuestra madre; la que ríe en la alegría y llora con nosotros en la tristeza y el abandono. Inusitado contraste como el de María de Nazaret, precioso cristal de angelical ternura, elocuente paradigma del amor y el dolor; como el de Agar soportando la dureza del desierto para proteger al ser que llevaba en sus entrañas.

Finalmente ella es la mujer que vela nuestro sueño con responsabilidad y cariño, nutre de fe y de confianza nuestros pensamientos y con sentido cristiano nos hace conocer el bien y el mal.

Precisamente la madre por ello es el mejor regalo que Dios nos ha ofrecido, es la plegaria que sustenta nuestra fe, la alegría y la fiesta de nuestro corazón agradecido, con el que hoy le decimos: ¡Madre, tú que tienes en lo recóndito de tu alma la lumbre de una diosa y el virginal acento del cielo. Déjame ofrecerte con la perdurable sonrisa que tu prendiste en mi ser, los lirios que en el jardín de mi alma han florecido bañados con las perlas del rocío e impregnados de la canción de la lluvia que trae el verso azul hecho de cielo conjugado con la música del Cantar de los Cantares y de la dulce y bella Zulamita! El autor es historiador.


COMENTARIOS

  1. Hace 12 años

    ¡Qué bella prosa! Lo felicito. Un honor y un gran regalo para nuestras madres.

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