José Bernard Pallais Arana

Perdamos el miedo

Los obispos, pastores del pueblo de Dios ungidos por el mismo Cristo: “Apacienta mis ovejas”, conociendo que los mandatarios tienen oídos sordos ante la miseria y el descontento del pueblo y que su soberbia les impide escuchar sobre sus errores y desafueros, dirigieron su mensaje más que al mismo gobernante al propio pueblo.

Nuestros pastores de forma coherente y valiente predican con su propio ejemplo, hablaron de forma firme aunque mesurada, dirigiéndose a los ciudadanos, a los indiferentes, a los conformes, a los que se acomodan para mantener privilegios; a los que han vendido su dignidad por dinero o cuotas de poder, a los que han ayudado a llevar al país al caos moral, social, económico y político, convirtiéndose en cómplices; a los colaboradores autollamados opositores; a todos los nicaragüenses, con la esperanza de que su palabra caiga en terreno fértil. Su mensaje es semejante a la semilla que tira “El sembrador” (parábola del sembrador Mateo 13, 1-9) “otros granos, finalmente, cayeron en buena tierra y produjeron cosecha…”.

La Conferencia Episcopal, como lo expresa en el encabezado de su mensaje (“compartir con sinceridad y buena voluntad nuestra preocupación común por la construcción de una Nicaragua mejor y por una sociedad más próspera y esperanzadora para todos los nicaragüenses”) acudió a la cita para hablar de frente, con transparencia y pleno conocimiento de la situación, al igual que en sus anteriores cartas pastorales en las que han insistido en iluminar nuestras conciencias con la luz del evangelio y repitiéndonos aquel “no tengáis miedo” de San Juan Pablo II expresado muchas veces por el papa Francisco: aquel “no teman”, de Jesús, “es el anuncio manso del verdadero triunfo, ese que se transmitirá de voz en voz, de fe en fe a través de los siglos”.

San Juan Pablo II en su encíclica Redentoris Hominis expresaba: “El bien común al que la autoridad sirve en el Estado, se realiza plenamente solo cuando todos los ciudadanos tienen asegurados sus derechos”, “sin esto se llega a la destrucción de la sociedad, a la oposición de los ciudadanos, a la autoridad o también a una situación de opresión, de intimidación, de violencia, de terrorismo, de los que nos han dado bastantes ejemplos los totalitarismos de nuestro siglo”. En Haití dijo: “Las cosas tienen que cambiar aquí”, en Filipinas “no se puede violar los derechos ni siquiera en una situación de urgencia”. Los obispos han dicho el lugar es Nicaragua y el tiempo es ahora.

Nuestro Episcopado ha captado los problemas y aspiraciones de los nicaragüenses y expresado fielmente a los gobernantes la situación del país y lo que este pueblo exige. Es la hora de que el pueblo, unidos todos, nos involucremos en la búsqueda de nuevos horizontes para una Nicaragua mejor, que luchemos por recuperar nuestros valores espirituales, morales, cívicos; el derecho a la libertad y privacidad de la familia; la problemática de los pobres; el respeto a los derechos humanos, la resolución de las situaciones de la Costa Atlántica; exigir el respeto a la religión y sus signos y la restitución de la institucionalidad.

La propuesta de Ortega es igualmente clara: partido único, supresión de todas las libertades, acaparamiento de todos los negocios, autoridad del ejecutivo sobre todas las instituciones, entrega de la soberanía nacional y de todos sus recursos, en fin la instauración de una dictadura fascista.

No pensemos que los obispos perdieron su tiempo conversando con Ortega, los destinatarios de su mensaje fuimos todos los nicaragüenses, asumámoslo ejerciendo responsablemente nuestra ciudadanía en defensa de nuestros derechos y libertades, no discutamos si Ortega escuchará o no, eso carece de importancia; preguntémonos si estamos dispuestos a despertar nuestra conciencia y a luchar para lograr el cambio que necesitamos.

La dictadura para consolidarse requiere de un pueblo aletargado, escuchemos el verdadero mensaje: no tengáis miedo, vale la pena construir una nación guiada por auténticos valores cristianos. El autor es abogado.


COMENTARIOS

  1. fultp
    Hace 12 años

    Excelente analisis. El paso a dar es provocar un referendum revocatorio a la «eleccion» de los actuales magistrados del CSE, y proponer personas de probada honorabilidad e imparcialidad partidista. La Asamblea Nacional debe resolver positivo a la peticion de 500 mil firmas que la respaldan.
    Esto solo es posible si hay unidad de todos los nicas que no estan conformes con el orteguismo.

  2. robespierreelchontaleño
    Hace 12 años

    ¿PERDER EL MIEDO? Es tarea de una ciudadanía que se siente abandonada, desvalida y ultrajada y pisoteada por el gobierno más corrupto e infame en la historia de Nicaragua. A Somoza y sus asesinos les perdimos el miedo y se desbarrancó y lo ajusticiaron. Los crímenes contra todos los poderes del estado y la grotesca corrupción de los Ortega y secuaces: La redención avanza despacio. Estos van a tener que pagar, muy caro, el peaje. !Ya verán!

  3. tony cruz
    Hace 12 años

    No papa no seas fantacioso aqui la unica manera de evitar un Ortega para el 2016 es elecciones bajo presion militar e internacional asi como paso e 1990 te acordas ? estos factores no existen entonces si el poder electoral no se compone de personas honestas es una perdida de tiempo . y el pueblo no va hacer baboso de ir a unas elecciones fraudulentas . los obispos lo que buscan es una salida civica pero dudo que la encuentren .

  4. 2016 fin de la dictadura dee Ortega
    Hace 12 años

    Correcto!! Los Obispos ya sentaron una fecha y a partir de esa fecha: 2016, termina la dictadura nefasta del corrupto e ilegal Daniel Ortega y su banda de mafiosos. Ahora, nos toca a todos nosotros, plantearnos nuestra participacion, coordinacion, actividad, arrojo, valentia, inteligencia para usar todos los medios posibles, para hacer de esa fecha una REALIDAD: Fin de la dictadura de Ortega y su pandilla de ladrones. Gracias Obispos! Gracias Diosito por llenarnos de Esperanza para el 2016. Amen

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