El arroz, la caña, el maní, la palma africana y el tabaco son los principales cultivos que demandan en Nicaragua más maquinarias, según el gerente de Nimac. LA PRENSA/O. NAVARRETE

Mecanización va lenta

El uso de maquinaria en las tierras productivas agrega eficiencia y reduce costos operativos que redundan en una mejoría de la productividad. Sin embargo, el uso de equipos e implementos agrícolas en Nicaragua es casi exclusivo en cultivos extensivos como el arroz, la caña, el maní, la palma africana y el tabaco, que son de paso algunos de los que registran mejores niveles de producción.

Lucydalia Baca Castellón

El uso de maquinaria en las tierras productivas agrega eficiencia y reduce costos operativos que redundan en una mejoría de la productividad. Sin embargo, el uso de equipos e implementos agrícolas en Nicaragua es casi exclusivo en cultivos extensivos como el arroz, la caña, el maní, la palma africana y el tabaco, que son de paso algunos de los que registran mejores niveles de producción.

Las causas de este rezago son atribuidas por algunos gremios a los altos costos de esas máquinas. Los tractores nuevos que se ofrecen en el mercado local, dependiendo de su caballaje y funciones, oscilan entre 19,000 y 240,000 dólares. Algunos optan por importar usados. Mientras que los implementos, dependiendo de la función y capacidad pueden costar desde mil hasta cincuenta mil dólares. El origen del fabricante también influye, ya que el equipo brasileño es más barato que el europeo.

Pese a la cuantiosa inversión que implica adquirir maquinarias agrícolas, a partir del 2002 la demanda de estas comenzó a crecer. Sin embargo, todavía no se recuperan los niveles de demanda de los años sesenta y setenta durante el auge del algodón, dice Jaikel Hanon, gerente de venta agrícola de Nimac.

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Actualmente la oferta de implementos agrícolas incluye equipos para preparar la tierra, arar, sembrar, trasplantar, fertilizar, chapodar y cortar. Dependiendo del cultivo es el uso que se les da, ya que no todos los productos permiten la mecanización de la totalidad de sus actividades, detalla el gerente general de Alternativas Agropecuarias (Agricons), Eduardo Martínez.

El productor tiene que poseer un tractor al que se le adaptan estos implementos.

Pero también se venden grandes tractores especializados que están preparados para actividades de gran escala que demandan los ingenios y el cultivo del maní, dice Jaiken Hanon, gerente de venta agrícola de Nimac.

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En esos años dicha empresa vendía trescientos tractores nuevos cada año. Ahora solo vende unos 140 de los cuatrocientos que se colocan anualmente en el mercado local. “A pesar que estamos pasando una buena etapa, hoy el mercado anda en unos seiscientos tractores al año, incluidos unos doscientos usados que los productores traen de Estados Unidos”, dice.

Hanon atribuye el crecimiento de la demanda de estos equipos a la estabilidad política y a la inversión extranjera en el cultivo de palma africana y el cacao; y a los requerimientos de cultivos como el arroz, la caña y el maní que además se han visto beneficiados por buenos precios.

La empresas que venden estos equipos brindan también capacitación, asistencia técnica con respecto al uso del equipo y las necesidades del cultivo, mantenimiento preventivo, adaptaciones de acuerdo con las necesidades locales y reparaciones, dice Eduardo Martínez, gerente general de Alternativas Agropecuarias.

El presidente de la Asociación Nicaragüense de Arroceros (ANAR), Fernando Chamorro, confirma que la inversión es cuantiosa. “En los últimos cinco años se han comprado unas 150 cosechadoras de 160,00 dólares cada una y los tractores que usamos valen unos 30,000 dólares. Además por lo intenso de la actividad la vida útil de estos equipos es corta, de unos cinco años. Pero no hay manera de hacerlo manualmente, incluso en el caso de los pequeños productores también lo hacen de forma mecanizada”, asegura.

Algo similar ocurre con el maní y la caña, cuyos procesos de preparación de la tierra, siembra, fertilización y el corte se realiza de forma mecanizada y en muchos casos las alianzas entre grandes y pequeños productores, que les venden su cosecha, permite mecanizar el cultivo, dice el directivo de la Asociación de Productores de Maní, Mauricio Zacarías.

Con el tabaco la única actividad que no se puede mecanizar es el corte por el cuidado que requiere la hoja. Mientras que el café, por el tipo de suelo en el que se cultiva y el tipo de la actividad, demanda muy poca mecanización, dice Hanon.

Martínez coincide con Hanon en cuanto al crecimiento de la demanda de esta tecnología. Y añade que en los últimos años el sector agrícola ha incrementado su demanda dejando rezagado al ganadero que anteriormente era un gran comprador de equipos, “quizás por los problemas de precios que enfrentan”, señala.

El gerente empresarial considera que la diversificación de la oferta de implementos y accesorios agrícolas está contribuyendo a masificar el uso de esta tecnología que es fundamental para incrementar la productividad.

“Un ejemplo son los minitrillos que han permitido que pequeños productores de arroz de secano de la Costa Caribe procesen el grano que cultivan en sus parcelas. Su costo es de unos mil dólares e incluye el motor”, explica Martínez, quien también considera que es fundamental un cambio de cultura de los productores en el manejo de las fincas ya que hasta ahora lo hacen a “control remoto desde sus casas y esta actividad demanda la presencia permanente del dueño de la propiedad”.


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