Tatiana Rothschuh
[/doap_box][doap_box title=»Pobreza y pérdida de valores» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
“Se ha descuidado mucho la formación de valores éticos y morales en la familia y también hay mucha pobreza, los padres que no logran satisfacer sus necesidades básicas, mandan a los chavalos a pedir, y eso los lleva a perderse con más facilidad, porque es mejor darle un plato de comida a un joven o niño que el dinero, hay casos en que lo ocupan para los nintendos, consumir droga, fuman, toman y el dinero no es bien invertido”, dijo.
La especialista con más de cuarenta años de experiencia en docencia, lamenta la autoridad que en muchos casos han perdido los padres de familia, y la “sociedad corrupta que los utiliza hasta de muleritos, a veces hay más preocupación por la formación académica que la formación de valores, descuidando aquellos consejitos a tiempo con los más problemáticos, tener sesiones de consejería, ver qué está pasando con los padres, a veces es mejor expulsarlos que atender sus problemas”.
[/doap_box][doap_box title=»Único centro de protección» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
Su director William Zeledón dice que acogen a niños que necesitan un hogar por orfandad o que por razones jurídicas legales el Ministerio de la Familia los separa de su núcleo. Tras realizar un estudio psicosocial, el niño o niña es admitido para su desarrollo integral.
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Carga en su frágil hombro una carterita, observa a los clientes, viste uniforme azul y blanco, fija sus avispados ojos en una mesa y presurosa se acerca extendiendo su manita: “¡Deme una ayudita!” Los adultos vuelven la mirada hacia ella que contrae la cabeza, algunos le dan monedas y otros le niegan el “rial”, maldiciendo a los padres de la niña.
A.L.A.F. son las iniciales de la niña de 10 años que asegura salir diariamente a las seis de la mañana de su casa en un marginal barrio cercano a Las Morenitas, de Juigalpa, para ir al centro escolar Pablo Hurtado, y al salir de clases deja guardados los cuadernos en una casa cercana al parque y empieza “su jornada laboral”.
A.L.A.F. pide comida y dinero, precisamente en la soda del parque y en la “Casa Blanca”, un comedor ubicado en la misma calle de la Alcaldía y la casa del partido de Gobierno. Ahí le regalan comida a ella y a unos seis niños menores que merodean el parque, los comedores y el mercado en busca de dinero.
Es la mayor de cuatro hermanos, señala que su mamá se accidentó, no puede caminar y su padre se va a trabajar a Managua. “¡Anda pedí para la comida!”, dice A.L.A.F. que le ordena su madre, “me dan un peso, cinco, diez y hay días que llevo hasta 100 pesos”, sostiene.
Añade que “hay días bien malos, unos me regañan, me dicen: ‘Mandá a tu mama a trabajar’, y hay hombres que me han dicho cosas feas y yo les digo no quiero ir”. Así resume su cruda realidad A.L.A.F., la niña que dice no querer seguir pidiendo y tantas veces clama “quiero irme a la aldea”.
M.I.R.C. es otro niño de 8 años del barrio 30 de mayo, dice ser uno de cinco hermanos y que por la mañana va a la escuela, estudia segundo grado y de dos a cinco de la tarde pide. Asegura que no le da todo lo que recoge a su mamá, “solo le doy una parte porque me dejo para mí”, manifiesta.
B.I.L.G., de 9 años, se ha sumado a esos niños y adolescentes golpeados por la extrema pobreza. Comenta que llegó de Somoto hace casi dos meses a Juigalpa porque “allá no hay trabajo, somos seis hermanos y mi padre se fue a buscar trabajo en construcción, yo pido para llevar riales para la comida”.
PADRES SON IRRESPONSABLES
Dora Maritza Salazar es propietaria de un comedor y asegura que diariamente llegan niños entre 5 y 8 años. “Los clientes les dan o yo misma les doy un platito de comida”, comentó.
Ella considera que hay familias de pocos recursos económicos y que ha comprobado que mientras los niños piden, las madres les esperan en el parque, “eso crea hábito, para mí eso es sinvergüenzada, viveza de los padres que usan a los niños”.
A su juicio, se debe buscar cómo superar ese fenómeno y sugiere que en cada sector realicen encuesta de los padres y los hijos y analizar por qué los mandan a pedir, “puede ser por vicios o no tienen recursos para darles de comer, trabajo hay y son los padres los que deben trabajar”.
La profesora Francis Barillas Oporta, psicopedagoga, considera que la familia es la base fundamental de la formación integral. Considera que las autoridades deben tener más control y atender esta problemática, no dejar a los niños en la calle como que ¡sálvese quien pueda!
Comentó que la educación, desde la escuela se debe trabajar en la formación de valores, trabajar la disciplina, no expulsar a los descarriaditos y evitar deserción. Finalmente considera que la Iglesia debe poner ojo y oídos a los niños que están en la calle.
HASTA EN LAS IGLESIAS
La niñez en busca de limosna no solo se observa en comiderías, restaurantes o centros de recreación, sino también está tocando el templo religioso.
Una menudita niña acostumbra apelar a la conciencia de los feligreses que asisten a las misas en la Catedral Asunción.
Porta un papelito y con su manito llama la atención de quienes atentamente escuchan la palabra de Dios.
Unas 35 educadoras comunitarias fueron capacitadas el pasado año por el Ministerio de la Familia (Mifamilia) para velar por el programa de Acompañamiento a la política de la primera infancia, desconociéndose los resultados.
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