El Grito de Asanglawana III

La soledad no es estar solo, es estar vacío. Séneca

La nación Sumu Mayangna celebra su tercera Asanglawana, (asamblea general), este mes de mayo. Esta congregación mayangna se propone realizar con una buena cantidad de participantes, pero con ausencia de visiones y propuestas propias. Posiblemente cuente con una fuerte presencia de asambleístas, pero contrastará con un vacío en temas emprendedores. No es por falta de capacidad de generar temas relevantes e innovadores, sino que el sistema actual así perfila conducir el proceso que no es más que esperar otras señales, satisfacerse y gozar de las victorias ajenas. Estamos vacíos y por ende solitarios, como diría el elocuente filósofo romano.

El fundamento de la nación mayangna descansa en las 72 comunidades, nueve gobiernos territoriales, con sus títulos de posesión y dominio, en un área milimétricamente medidas en 8,100 kilómetros cuadrados; provista de alta biodiversidad; floresta tropical de selvas vírgenes, potencialidad de biocarbono, especies faunísticas, potencialidad de yacimientos minerales y bellezas escénicas únicas en el ramo. Una población indígena milenaria, con su propia forma de organización, idioma propio, sus creencias míticas-religiosas desde la antigüedad, que se conjugan en una armonía para la construcción de su incólume identidad.

Suficientes elementos claves tiene la nación mayangna para construir su propio y único modelo de desarrollo económico social y cultural, teniendo como premisa su propia visión. La misión o la razón de la nación mayangna es la de construir la ruta de la autonomía, desde su contexto, desde su necesidad y reviviendo sus capacidades, para fortalecer su identidad. No necesita aparecerse en la arena en espera de señales exógenas.

Desde 2009, fecha de constitución de la estructura de la nación mayangna, como organización política, los líderes electos en aquella oportunidad no encontraron el umbral de la realidad y el grito de la población, que no es más que el Grito de Asanglawana —Vox Populi Vox Dei (la voz del pueblo es la voz de Dios)—, reza la antigua sabiduría latina. Lejos de buscar la ruta, se dedicaron a esperar señales de las instituciones del Estado, de quienes tienen su propia agenda, compromisos, mecanismos y propósitos. No se quiere satanizar al Estado, sino que es otra cosa, es distinto, tiene otra naturaleza y objetivos propios.

Esta forma de operatividad, sumado el apoyo económico recibido del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, en vez de fortalecer la pertinencia de la comunidad mayangna terminaron de divorciar la agenda de la nación y su compromiso con las comunidades. Reproches han llegado a la oficina de la Secretaría de la Presidencia para el Desarrollo de la Costa Caribe, un sistema de megaministerio para todo lo concerniente a la costa Caribe, incluyendo la Zona de Régimen Especial. No obstante, muy poco audio y pronunciado desinterés se ha mostrado para atender iniciativas propias de los mayangnas, que se proponen un nuevo modelo de gestión, una nueva forma de interlocución potenciando desde la comunidad, para contribuir en la reidentificación de la ruta que se ha perdido en la penumbra.

Por otro lado, los nueve Gobiernos Territoriales Indígenas Mayangnas (GTI) también tienen sus propios problemas en la interrelación con sus comunidades. Se han confundido en su papel; funcionan como ONG, y a la postre como empleados del Estado, sin ejercer verdadera autoridad. Situación que lleva a grandes crisis de liderazgo en las comunidades. Muchas veces conciben que ellos (GTI) tienen sus jefes superiores que están en las oficinas de la Secretaría de la costa Caribe, y se olvidan que las comunidades son su máxima autoridad, pues deben responder a ellas que los eligieron. Esta situación es desventajosa para la construcción de la nación mayangna, pues cada quien vela su propio interés, y prevalece la autodefendensa contra quienes hacen señalamientos de compromisos pendientes.

Impera la falta de organización y liderazgo en las comunidades, territorios y en la nación mayangna (estructura). Esta última ha mostrado más interés en desarrollar el papel de activista político en las campañas electorales, que en mostrar un mínimo interés en atender un movimiento que construya el liderazgo propio de los mayangnas, y que sea sustentable para autogestión futura. En cinco años no ha dado ningún paso. Las últimas intervenciones de la nación en asuntos de los territorios solo sirvieron para crear enemistades internas y pretendidas divisiones en los GTI, esto lo pueden contestar las comunidades que hayan tenido la oportunidad de intervención de la nación mayangna.

Con este ropaje salpicado de soledad, se da la convocatoria a la Asanglawana III, evento que está sujeto a mucho suspenso. La nación mayangna va de la mano con el Gobierno, pero el hilo que la une con las comunidades está muy tenso y frágil. Es lo que se ha pretendido construir, para balancear los resultados del evento. Las comunidades, a pesar de la falta de oportunidad en presentar propuestas y visiones propias, están en diáfana claridad que las cosas se tienen que cambiar. La agenda propia no solo descansa en el interés político, sino en la construcción de la propia ruta que garantice cambio en los niveles de vida, partiendo de planes y modelos propios.

El Grito de Asanglawana, que pervive en la memoria de los ancestros y que ha perdurado en las selvas, hoy reclama justicia. Los mayangnas deberán incidir y hacer cambiar la naturaleza de las visiones. Los grandes cerros, testigos mudos de la mitología milenaria, harán que el Asangba, Dios de los bosques y Alwana, Dios de la lluvia, haga llover para la vida de la naturaleza y su misterio haga florecer la sabiduría, y sea el presagio de resultados más fecundos para el futuro de las generaciones, y no lo contrario, que será el declive de una nación milenaria sobreviviente de los tiempos, y su pérdida será una pérdida para la humanidad entera.

El autor es miembro fundador del Gobierno de la Nación Sumu-Mayangna en 2009.

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