La Conferencia Episcopal de Nicaragua ha pedido al pueblo nicaragüense que la acompañe con sus oraciones, ante el diálogo que sostendrá la próxima semana con el presidente inconstitucional Daniel Ortega. Los obispos, en un comunicado que dieron a conocer el lunes 12 de mayo, subrayan que no buscan nada para ellos, ni para la Iglesia, solo el interés por el bien del país.
Los obispos citan en su comunicado la exhortación apostólica “La alegría del Evangelio”, emitida por el papa Francisco el 26 de noviembre del año pasado en la clausura del Año de la Fe, en la cual el obispo de Roma proclama: “Preferimos una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades”. A nuestro juicio, con ese mensaje tan significativo los obispos han querido disipar el temor que hay o podría haber en algunos sectores de la sociedad nicaragüense, de que este diálogo con Ortega pudiera ser una trampa para la Conferencia Episcopal o que podría derivar en beneficios particulares para la Iglesia y sus líderes pastorales, a título personal.
Es bien conocido que la Iglesia católica de Nicaragua, en cada una de sus diócesis, parroquias y vicariatos tiene muchas necesidades y dificultades para sostenerse materialmente a sí misma, sobre todo para financiar sus numerosas obras sociales. Las contribuciones ordinarias de los fieles y las donaciones internas y externas, no bastan para cubrir las necesidades de reconstrucción y mantenimiento de los templos, la subsistencia de los sacerdotes y el sostenimiento de las escuelas y dispensarios parroquiales, los seminarios de formación sacerdotal, etc. De manera que un gobernante tan astuto como es Ortega podría aprovecharse de las necesidades de la Iglesia, para ofrecerle a los obispos apoyo gubernamental a cambio de sumisión, o al menos neutralidad, como ya ha logrado someter y obtener respaldo militante de algunos eclesiásticos, por fortuna muy pocos.
Pero no es un espíritu acomodaticio el que anima a los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua en la búsqueda del diálogo con el gobierno de Daniel Ortega. Lo que ellos buscan es el bien común, la solución o alivio de los problemas más sentidos de la nación, entre ellos el de la institucionalidad democrática que ha sido socavada y desnaturalizada por el actual régimen dictatorial. De allí que, según nuestro parecer, los obispos han querido ser sumamente claros y precisos en su comunicado de este lunes, en el cual reiteran: “El único interés que nos mueve es la búsqueda de nuevos horizontes en beneficio del pueblo de Nicaragua y el bien común de la sociedad. Lo hacemos exclusivamente como parte de nuestra misión evangelizadora de pastores de la Iglesia, conscientes de que ‘la evangelización también implica un camino de diálogo’”, citando otra vez la antes mencionada exhortación apostólica del papa Francisco.
De manera que Daniel Ortega sabe a qué atenerse. Y si algo está dispuesto a ceder en el diálogo con unos obispos que tienen la fortaleza inconmovible de la fe y de la moral, y cuentan con la confianza y el respaldo de todo el pueblo nicaragüense, ese algo tendría que ser solo para el interés colectivo y la bienandanza nacional.
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