¿Habrá recibido el Gobierno informes alarmantes de los especialistas en movimientos telúricos que lo obligaron a tomar la medida de suspender clases? ¿Terminaron esas circunstancias? ¿Lo sabremos algún día o será un secreto de seguridad nacional? De cualquier forma hay que alabar la preocupación del ejecutivo del país por la integridad física del estudiantado y alegres de saber que estos vuelven al estudio.
En California esperan el megaterremoto cualquier día y la vida continua igual. Se han preparado para ello durante décadas. ¿Estamos haciendo algo nosotros para preparar a nuestros estudiantes y edificios escolares o la única salida de prevención es suspender clases?
A la edad de diez años acompañé a mi madre enferma a San Francisco, CA. Estuvimos allí durante unos cuatro meses y para que no pasara de vago me enviaron a la “escuela elemental pública” de la zona.
Recuerdo mi primer día de clase, mi maestra, Miss Bauza, gringa por cuatro generaciones pero descendiente de españoles según mi madre, me dio la lección de bienvenida en español, explicándome que vivíamos en una zona de muchos temblores, que ya una vez San Francisco había sido destruida por un terremoto y que todos los lunes por obligación se hacían ejercicios de cómo proceder en caso de temblores y que también los hacían de sorpresa una vez a la semana.
Primera indicación fue que en caso de temblor nunca correr, había que tirarse al suelo en posición fetal y una vez pasado este, salir en orden del aula hacia los patios donde cada clase tenía ya su espacio determinado donde permanecer y estar al tanto de las instrucciones de mi maestra a quien debería obedecer en todo momento. No recuerdo si me explicó qué hacer en caso de terremoto y el colegio se derrumbara, pero sí recuerdo que me dijo que era muy difícil que el colegio se desplomara pues estaba bien construido y era de un solo piso.
Existía en la escuela un contenedor de acero, que dentro de la perspectiva de mi niñez miraba gigantesco pero sería de unos diez metros de largo, y donde según Miss Bauza, allí guardaban toda clase de material para primeros auxilios en caso de terremoto, incluyendo frazadas, picos, baldes y palas. A la sombra había unos diez barriles de acero de esos de 55 galones con tapa donde se mantenía agua para que en caso que esta dejara de fluir en las cañerías, hubiera este líquido para suplir durante la emergencia.
Todo lo anterior cercado con una malla de alambres pintados en rojo y un gigantesco rótulo prohibiendo acercarse.
Hasta allí mis recuerdos referente a este tema, pero me pregunto si ya se inició un programa de revisión de escuelas para ver su capacidad estructural de aguante ante un sismo y uno para reforzamiento de las mismas y estar seguros que soportarán dentro de lo posible un terremoto y no se vendrán al suelo exponiendo vidas .
¿Ya está listo un procedimiento a seguir para evacuación de aulas y medidas a tomar en caso de terremoto? ¿Qué inventario de primeros auxilios almacena cada escuela y cuenta con reservas de agua? No hay duda de que somos un país pobre, pero existen fuentes de dinero para proteger a nuestros estudiantes.
Que tal una prima de US$$ cincuenta millones de parte de Mr. Wang Jing por el territorio que le hemos vendido sin prima, sin intereses, a largo plazo y abonos suaves como la Paya Soza, para la construcción del Canal. Sería un cuadrangular del señor presidente. El autor es abogado y notario
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