Cartas al Director

Ambiente saludable: un derecho ilusorio

Nicaragua posee pletóricos manantiales acuíferos, particularidad determinante que reportaría ingentes beneficios económicos si se la aprovechara con responsabilidad. En la vertiente del Pacífico, pueden enumerarse fácilmente más de diez lagunas volcánicas, dos imponentes vertientes endorreicas y ciertos ríos importantes. De otro lado, la vertiente del Caribe; con exuberante cantidad de ríos de considerable extensión, en su mayoría navegables. Empero, no cabe hesitación sobre dos situaciones concretas: 1) la inmejorable condición hidrográfica que tiene nuestro territorio parangonada con otras regiones, 2) la indiligencia que nos ha caracterizado a los nicaragüenses sin excepción en el cuido, resguardo y conservación de dichos bienes.

De todas las lagunas y ríos, escasamente alguno podría considerarse salubérrimo; y de estarlo arrostra el riesgo de convertirse en más de lo ya existente: “Vertederos mefíticos”. Voluntariamente hemos diseñado un ambiente contranatural donde campea una abominable dialéctica de contaminación y destrucción justificada por un ánimo enfermizo encubierto en obras de variada magnitud. Pareciera que no hay manera de detenerlo, lo cierto es que importa poco urdirlo, quizás haya intereses más apremiantes; sea lo que se quiera, lo cierto es que marchamos en vía de terminar la paupérrima riqueza natural que nos queda.

Lo más execrable es que ninguna dependencia estatal del Gobierno ha procurado hacer frente con disposición vehemente a esta problemática que a la manera de un ominoso cáncer nos devora. Al contrario, todos los gobiernos pretéritos y no menos el actual; como dignos representantes de la idiosincrasia nicaragüense que presta suma devoción por las obras fáciles que generen las mínimas molestias sin importar el porvenir, de donde surge lo menos apropiado, recurrente y endémico que ha sido permitir y lanzar todas las aguas residuales a las lagunas y cuencas lacustres. Y ahí tenemos dos verdades incuestionables: nuestros dos únicos lagos, contaminados. Todo ello hace pensar en aquel bonito decir muy en boga: “Vivir bonito, vivir sano, vivir feliz”.

Dicho eslogan no es más que un estribillo deleznable útil únicamente para congraciarse con el incauto ciudadano inobservante, bien sea porque profesa cierta aversión hacia el razonamiento o simplemente no quiere asomarse más allá del horizonte y vivir en una tranquilidad inoperante a la manera inversa de la alegoría platónica descrita en la caverna.

No es perogrullada afirmar que todos los gobiernos no han sabido o no han querido cumplir el deber que por su jerarquía y la supra norma vienen obligados en torno a cuestión tan delicada; somos nosotros los ciudadanos quienes moralmente nos compete subrogarnos en la posición que ellos deberían ostentar. Es una actuación oficiosa, diametralmente invertida, pero tener presente que estamos en Nicaragua y las situaciones marchan contra toda lógica. De lo contrario no nos quedará más que soportar aquella lapidaria frase de Esquilo que reza: “La desmesura al madurar grana en la espiga del error, y la cosecha que se recoge solo consiste en lágrimas……”

Pedro J. Bendaña José

Gabriel García

En un artículo de hace un par de años escribía sobre la decepción que había sufrido cuando era niño y esperaba una bicicleta para Navidad; al despertar y encontrar al lado de mi cama una caja; pensé que la “bici” venía desarmada pero al abrirla mi sorpresa no pudo ser mayor; era una caja de libros. Qué decepción la de esa Navidad, pero a través de esos libros empecé a conocer el mundo y a sumergirme en el universo de la lectura, de tal manera que a los 12 años de edad ya había leído a todos los clásicos infantiles y me había repasado Los cuentos de Andersen, Los Tres Mosqueteros, Los viajes de Gulliver, La isla misteriosa, Moby Dick, Ivanhoe y tantos otros; Robert Louis Stevenson, Mark Twain, Verne, Dumas y Defoe; todos geniales y únicos.

Pero cuando leí Cien años de soledad caí en un trance; las letras se volvieron mágicas y como le sucedió a tantos por todo el mundo, en tantos idiomas diferentes, acabé cautivado por la historia; nunca antes se había escrito algo así, que encantara al mundo entero para llevar a su autor a ganar el Premio Nobel de Literatura.

Hace algunos años andaba buscando un regalo para mi hijo y acabé frente a al escaparate de una tienda, donde se encontraba arrinconada una nueva edición del libro. No dudé en comprárselo, recordando la gran experiencia que fue para mí leerlo. En la dedicatoria escribí: “Este Premio Nobel de la Literatura, será quizás, el mejor libro que leas en tu vida”.

Hoy estoy seguro de eso: Cien años de soledad ha sido el mejor libro que he leído en mi vida, y probablemente sea el mejor libro que se ha escrito alguna vez en la historia de la literatura universal.

Álvaro Quintanilla Martínez

Indigentes y enfermos mentales

Todos los días observamos en los diferentes departamentos como en nuestra capital, la cantidad de indigentes y enfermos mentales que deambulan en las calles del país. No es posible que el Gobierno con su proyecto de Unidad y Reconciliación deje a un lado a tanto desposeído que no tienen familias o que los han abandonado a su suerte.

En la entrada de la casa matriz de Banpro, por mencionar un ejemplo, vive una pobre enferma mental la cual no es de importancia ni para el Gobierno ni para los banqueros de este país, que día a día se enriquecen con los altos intereses que les cobran a sus clientes.

El Gobierno anuncia con gran despliegue que invertirán 35 millones de dólares en la construcción de la 4ta, etapa del Puerto Salvador Allende. ¿No han pensado mejor construir un albergue para estas personas? ¿No piensan en mejor el hospital psiquiátrico olvidado desde hace muchos años y el cual es lo más insalubre? ¿Por qué no mejor invertir ese dinero en un programa social para darles a estos indigentes y enfermos mentales un nivel de vida un poco más humana?

La ministra de Turismo vive hablando de inversiones en el incipiente turismo de nuestro país. ¿Cuál turismo? Hemos visto en Granada los pedófilos y las prostitutas. ¿Eso es turismo?

La República Eslovaca, España, China Taiwán y el Club de París perdonaron a Nicaragua el año pasad el pago de la deuda por un total de US$$10.7 millones, según datos del Banco Central. ¿Por qué no utilizar la cantidad condonada para un albergue para estas personas?

La señora Murillo y sus “árboles de la vida”. Por favor señora, ¿usted conoce las condiciones de vida de estas personas? Cómo las va a conocer si pasa de largo en su caravana junto a su consorte atropellando a cualquier persona con tal de estar en el poder, rodeada de serviles que aunque no la aprecian, necesitan estar adulándolos, para ellos poder optar a poseer cosas que nunca soñaron tener: dinero, posición y en el peor de los casos creer que ellos también tienen poder. Tontos útiles. Se olvidan que sus puestos son prestados.

Marcelo Irigoyen

Mercado de Guanuca en Matagalpa

El mercado de Guanuca de la ciudad Matagalpa muy bien se puede decir que es hoy como una sucursal del Mercado Oriental y del Mayoreo de la ciudad capital, Managua, en el norte de nuestro país.

A este mercado de Guanuca llega diariamente gran cantidad de compradores y vendedores del interior de Nicaragua y de los diferentes países de Centroamérica.

Tomando en cuenta que dicho mercado genera muy buenos ingresos a la comuna de Matagalpa; el mismo tiene que ser modernizado lo más pronto para que preste excelentes condiciones higiénico sanitarias y de ordenamiento a todos aquellos ciudadanos que lo frecuentan.

Salvador Pérez González

COMENTARIOS

  1. REM
    Hace 12 años

    Álvaro Quintanilla habla por él. Para mí, Cien años de soledad es el libro más tedioso y aburrido que se haya escrito.

  2. Edmundo Dantes
    Hace 12 años

    El escrito del sr Pedro Bendaña parece padecer la enfermedad del figureo al usar palabras y conceptos que el 95%+ de la población no entiende, y aparecer como persona sofisticada. Si usted fuese sofisticado entendería que la primera regla de un escritor es asegurar que su audiencia le entienda para lograr que su escrito sea útil.

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