Mercedes Gordillo
Todo parece indicar que en Nicaragua hemos olvidado la importante fecha 14 de abril del 2002 cuando nuestra querida compatriota sor María Romero (Nicaragua 2/1913+1977) fue beatificada por Su Santidad papa Juan Pablo II, ahora canonizado como San Juan Pablo II. Quizás la mayor bendición que este santo haya otorgado a este país, después de sus dos visitas realizadas.
Nuestra coterránea alcanzó la beatificación: antesala de la santidad por su vida y obras de misericordia para los necesitados, los descalzos, los que nada tienen. De la mano de Jesús y María: entre otras maravillas, construyó un hospital gratuito, con médicos especialistas en distintas enfermedades, laboratorio, farmacia. Diariamente obsequiaba alimentos básicos a quienes se lo pedían. Los domingos entregaba comida y ropa a 3,000 personas. Preparó profesionalmente a 16 mil muchachas en costura, a fin de que las jóvenes pudieran trabajar dignamente, alejándolas de la prostitución que cundía en esa época. Inauguró la Casa de la Virgen donde se impartían otras clases. Pero sin duda su obra más destacada fue dar a conocer la presencia de Jesucristo: camino, verdad, luz y esperanza para todos.
Sor María Romero poseía virtudes especiales, realizó abundantes gracias, milagros y profecías a los que solicitaban su consejo y amparo. Estos testimonios se encuentran registrados en el libro oficial de su congregación Hijas de María Auxiliadora FMA: Con María toda para todos, como Don Bosco, escrito por la hermana Doménica Graziano como requisito de la Iglesia para iniciar el proceso hacia la canonización. Proceso que implica largos años de investigación que responda a la verdad, virtudes heroicas, dones sobrenaturales y fama de santidad, durante la mayor parte de su vida. Para ascender a la canonización se necesita la comprobación minuciosa de un milagro, investigado por expertos eclesiales y científicos.
Son muchas las cosas que se pueden decir de nuestra beata, que muchos nicaragüenses conocen y parecen olvidar. Aquí tenemos su Casa Natal, en Granada, donde nació, creció y recibió su extraordinaria vocación. Por obediencia a su congregación permaneció más de cuarenta años en Costa Rica, haciendo el bien a los pobres más pobres. Sin embargo el amor por su tierra permaneció intacto en su corazón, oraba por nosotros, concedía gracias, favores y milagros a sus paisanos.
El último: su apoyo a los necesitados con la obra que heredó y que ahora favorece al medio millón de migrantes nicaragüenses.
Nuestro agradecimiento a los costarricenses por no olvidar a los nicas y por su constante decisión de continuar aumentando la obra de nuestra beata desde 1977 año de su partida en Las Peñitas, León.
Aquí tenemos flaca memoria y poco agradecimiento, olvidamos fácilmente. Sor María Romero no ha sido noticia para ningún medio de comunicación, nadie ha mencionado a esta heroína. Lo más grave: ignorar la mayor bendición de San Juan Pablo II a este país tan pobre y necesitado.
Afortunadamente la misericordia de Jesucristo, tan amorosa y benigna, disculpe esta injusticia y mejore nuestra desafortunada actitud. Con humildad pidamos disculpas a San Juan Pablo II y a nuestra amada beata: una madre conciliadora. La autora es escritora nicaragüense.