La constelación de Orión es una de las más conocidas, según dicen los astrónomos profesionales y aficionados en todo el mundo.
Como sabemos, las constelaciones son agrupaciones convencionales de estrellas cuya posición en el cielo aparentemente es invariable, y fueron agrupadas mediante líneas imaginarias por quienes en la antigüedad se dedicaban a observar la esfera celestial.
Los astrónomos antiguos pusieron a las constelaciones nombres que tomaron generalmente de los seres mitológicos. Esto no lo hacían por capricho, ni por motivo religioso, sino porque de esa manera facilitaban a los navegantes recordar las estrellas, solitarias o en grupos estelares, con las cuales se orientaban en sus travesías marítimas. De la misma manera, las estrellas, solas o en constelaciones, orientaban a los viajeros en los desiertos y servían de base para elaborar los calendarios agrícolas y religiosos.
Como dije arriba, una de esas constelaciones muy conocida y la cual según los astrónomos se puede ver fácilmente en el cielo, es la de Orión, nombre de un mítico cazador gigante quien murió a causa de la mordedura de un escorpión y fue colocado en el firmamento por los dioses. Pero también la alimaña que mordió a Orión y causó su muerte, fue elevada al cielo para que incluso allí siguiera persiguiendo al gigante cazador. Esta la constelación que los astrónomos llaman Escorpio.
En la literatura sobre la mitología griega, Orión es mucho más conocido que su mujer, quien era una ninfa de la montaña llamada Side; y que sus dos hijas, cuyos nombres eran Metíoque y Meripe. Estas eran llamadas “las Corónides”, que significa las cornejas o cuervas, pero lamentablemente no tengo información acerca de por qué las llamaban así. Es distinto el caso de Corónide, quien fuera la madre de Asclepio, el dios griego de la medicina (a quien los romanos llamaban Esculapio) y se le dio ese nombre porque fue convertida en corneja, o cuerva, después que Apolo, quien era su amante, la mató al acusarla al parecer injustamente de infidelidad.
Es interesante conocer que cuando Orión nació, fue llamado Urion (o sea el que nació de la orina), porque su nacimiento se debió a un milagro de tres dioses: Zeus, Poseidón y Hermes.
Según la leyenda, durante una visita a la Tierra los dioses mencionados se alojaron en casa de Hirieo, un rey de la región de Beocia, quien diera su nombre a la ciudad de Hiria. Hirieo atendió a sus huéspedes de manera espléndida, sin saber quiénes eran ellos, pues se hicieron pasar por peregrinos.
Hirieo estaba casado con la ninfa Clione y ansiaba tener un hijo, pero ya estaba demasiado viejo para eso. Por eso, cuando los dioses, agradecidos por su hospitalidad, le revelaron sus verdaderas identidades y le dijeron que podía pedir lo que quisiera, Hirieo les dijo que lo único que quería era que le dieran un hijo. Los dioses tomaron la piel de buey sobre la cual habían comido, orinaron los tres sobre ella y ordenaron que fuera enterrada y la dejaran allí. Nueves meses después, del suelo donde la piel de buey había sido enterrada, nació un hermoso niño que fue llamado Urion (porque nació de las orinas de los dioses), pero con el tiempo cambió su nombre a Orión, que significa “el que vive en la montaña”.
Orión se convirtió en un gigante y vivía en la montaña, donde se dedicaba a la cacería. Se casó con una ninfa llamada Side, quien le dio dos hijas que fueron llamadas Metíoque y Ménipe. Pero el matrimonio de Orión con Side no duró mucho tiempo, pues, siendo ella muy hermosa, se dejó dominar por la vanidad y se atrevió a comparar su belleza con la de Hera, la esposa de Zeus. Entonces la vengativa diosa castigó a Side por su osadía enviándola al palacio de Hades, o sea al mundo de los muertos. Al crecer Metíoque y Ménipe se convirtieron en unas hermosas muchachas, como era su madre, y desarrollaron una extraordinaria habilidad para tejer y bordar.
Una plaga mortal se desató en la región donde vivían Metíoque y Ménipe y según dijo el oráculo del dios consultado, la epidemia solo cesaría si una de las Corónides ofrendara su vida. Metíoque se ofreció voluntariamente, para sacrificarse, pero Ménipe decidió hacerlo también y acompañar a su querida e inseparable hermana hasta en el mundo de los muertos.
Los dioses, como premio a las Corónides por su extrema generosidad y amor filial, las llevaron al cielo y allí las convirtieron en astros errantes, o sea en cometas.
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