José Adán Aguerri
El quinto pilar expresado en nuestra Agenda Cosep 2013-2016 es el de la incorporación de tecnología y mejores formas de organización para mejorar los niveles de productividad, generar más puestos de trabajo productivos y aumentar el crecimiento económico.
En este sentido el BID publicó en el 2010 el libro La era de la productividad, como transformar la economía desde sus cimientos , en donde se destaca que las economías de América Latina y el Caribe padecen la enfermedad del crecimiento lento crónico causado por la baja productividad.
Una muestra de lo anterior es que mientras en 1960 el ingreso per cápita de América Latina era casi un cuarto del de Estados Unidos, hoy es de apenas un sexto.
Nicaragua en el estudio aparece por debajo del promedio de un país típico de América Latina y el Caribe en relación con su productividad relativa.
Sin embargo, en nuestro país tenemos empresas con niveles de productividad similares al de sus competidoras externas y otras en donde sus niveles de productividad son sumamente bajos. Una de las diferencias entre unas y otras es el grado de integración de la cadena de producción en que se encuentran.
Estas diferencias de productividad se evidencian en los distintos sectores agroindustriales.
La productividad media del café en Nicaragua oscila entre 5 y 12 quintales por manzana, muy por debajo de los entre 18 y 22 quintales por manzana de Costa Rica. La producción promedio de leche en Nicaragua en el 2012 era de 3.8 litros diarios por vaca y la duración de la lactancia de 210 días, ambas muy por debajo de los estándares internacionales de productividad. En Argentina, por ejemplo, la producción media es de 25 litros diarios y los periodos de lactancia son superiores a los 300 días.
Por el otro lado, tenemos sectores agroindustriales con altos niveles de productividad. La producción de toneladas por hectárea de maní supera los niveles alcanzados por el resto de los países de la región. Igual sucede con la producción media de arroz con cáscara y rendimiento de la caña de azúcar.
Pero también observamos diferencia de productividad dentro de los mismos sectores. En la industria cafetalera existe un grupo de productores, muy pequeños en número, con rendimientos superiores a 24 quintales por manzana.
Los programas que impulsamos desde los gremios como Excan y Anifoda, aunque limitados en su alcance, han demostrado que la integración de las cadenas productivas, a través de la transferencia de tecnología y la facilitación del crédito, puede ayudar a disminuir las deficiencias productivas.
También destacamos que la buena productividad de la industria azucarera se debe en gran parte a las relaciones de coordinación vertical que existen entre los productores y la industria.
Todo lo contrario a lo que sucede con dos de nuestros principales sectores exportadores como son el sector cafetalero y el ganadero. En ambos sectores no han logrado aún establecer vínculos constructivos entre los distintos eslabones. Estos sectores están compuestos, en su mayoría, por pequeños productores de subsistencia, poco tecnificados y ubicados en zonas aisladas.
Aunque en el sector cafetalero ya estamos viendo los primeros pasos positivos en la búsqueda de esa necesaria coordinación. Es importante destacar que es esta baja productividad la que explica en gran medida los bajos niveles de ingreso de la población nicaragüense.
Es por ello que en Cosep, en base a estas experiencias, debemos seguir impulsando la cooperación estratégica que permite el desarrollo de nuevos mercados y productos, el aumento del valor agregado y el incremento de las tasas de retorno.
El diálogo y la disponibilidad de información son requisitos básicos para fortalecer los lazos verticales en la industria. El diálogo permite superar tensiones y desconfianzas como las que todavía tenemos en sectores como el cafetalero, el ganadero y el sorguero.
Tenemos que seguir impulsando los programas de desarrollo de proveedores que son una herramienta útil para mejorar la cadena productiva.
Para enfrentar la atomización y la pequeña escala debemos fomentar la asociatividad horizontal que permite aumentar la escala de producción y facilitar la integración vertical.
Más productividad requiere de más tecnología, de mejor organización, de acceso a crédito y sobretodo de más diálogo entre nuestros sectores y entre el sector privado y el Gobierno. El autor es presidente del Cosep.
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