Hugo Ramón García
Hoy 4 de abril, hace sesenta años, la nación fue dramáticamente sacudida por el asesinato de veintitrés ilustres patriotas, quienes cayeron sacrificados buscando lo mejor para Nicaragua. Su inmolación fue la mejor prueba de nacionalismo que pudieron ofrecer a la República, más allá de los deberes que tenemos hacia ella y sus grandes causas.
El incumplimiento de los pactos del 3 de abril de 1950, por el dictador Anastasio Somoza García, en particular el que prohibía terminantemente la reelección presidencial, motivó el complot del 4 abril de 1954 que tuvo por finalidad secuestrar y ejecutar al viejo Tacho, junto con sus hijos Luis y “Tachito”, cuando los tres se desplazaran a la lujosa mansión del dictador situada en Montelimar. Entre los insurgentes se encontraba Adolfo Báez Bone, oriundo de Juigalpa, Chontales, a quien se le encomendó la misión de abrir fuego disparándole al automóvil donde viajaría Somoza García. Pero tal hazaña el audaz combatiente no pudo efectuarla, debido a que la conjura bélica fue revelada por un traidor que se enroló en el movimiento.
Báez Bone, al fracasar el complot y caer en manos de la Guardia Nacional, fue llevado ante la presencia del funesto “Tachito”, quien, con su característica maldad y haciendo alarde de su infame cobardía, lo atacó con brutales puñetazos y patadas. Pero en un momento de admirable valentía, Báez Bone escupió con su sangre al abominable egresado de la West Point, advirtiéndole: “Mi sangre te perseguirá”.
La conjura del 4 de abril contó con la ayuda económica del Partido Conservador de Nicaragua, además de numerosos oficiales académicos de la Guardia Nacional y de sobresalientes elementos de la sociedad civil, entre ellos los doctores Enrique Lacayo Farfán y Francisco (Paco) Ibarra Mayorga, hermano del autor de la letra del Himno Nacional, Salomón Ibarra Mayorga. También tuvo valiente participación Jorge Rivas Montes, egresado de la Escuela Politécnica de Guatemala, a quien Somoza García, con la zalamería que acostumbraba lo hizo caer en la trampa del desengaño, ofreciéndole falsas “garantías”. Y al entregarse por medio de Juan José Rodríguez Somoza, fue hecho prisionero y conducido a la “Casa Piedra”, localizada en el antiguo Campo de Marte.
El consejo de guerra que lo “juzgó”, lo condenó a prisión. Rivas Montes sufrió en las ergástulas somocistas las infames torturas que le aplicó personalmente el odioso “Tachito”, asistido de sus sicarios, hasta que finalmente lo asesinaron junto con Luis Morales Palacios, el 20 de octubre de 1956, dos años después de que Rigoberto López Pérez liquidara a balazos a Somoza García, en la Casa del Obrero de León.
En el complot del 4 de abril ofrendaron sus vidas: Edgard Gutiérrez, los hermanos Adolfo y Luis Felipe Báez Bone, Agustín Alfaro Carnevallini (padre de Indiana, y Agustín Alfaro López), Pablo Leal Rodríguez (a quien “Tachito” le cortó la lengua con una bayoneta), Antonio Velásquez, Carlos Ulises Gómez, José María Tercero Lacayo, Amado Soler, Optaciano Morazán, Guillermo Gutiérrez, Luis Felipe Gabuardi, Francisco Granillo, Rafael Praslín, Manrique Umaña, Miguel Ramírez, Francisco Caldera, Pedro José Reyes, Francisco Madrigal, Juan Ruíz Traña, Ernesto Peralta, Juan Martínez Reyes y Humberto Ruiz.
La gesta patriótica de los héroes del 4 de abril debe servir de referencia a las actuales generaciones, que tienen el deber de luchar contra todos los males que padece nuestra sociedad. El autor es Periodista de Somoto.