Twitter: @Fabian_Med
Carroñeros
¿Se acuerdan de aquellos opositores que decían jamás votar por la reelección de un Roberto Rivas? Sí, aquellos que aseguraban que su presencia en una elección de cargos no sería “un dame que te doy” sino una participación para incidir en la idoneidad de los electos. ¿Ya? Aquellos, recuerden, que prometían que si alguno de ellos llegaba a esos cargos sería para defender la institucionalidad, hacer sentir su voz de reclamo y denuncia desde adentro del monstruo. Pues sucede que tan pronto se anunció que Daniel Ortega estaría dispuesto a soltarles uno que otro carguito, esos políticos de oposición son los mismos que están ahí dando vueltas, alborotados, como zopilotes ante la carroña, olvidándose de todo lo que en el algún momento juraron defender y, por el contrario, tratando de hacer méritos como oficialistas para ser incluidos en la lista de “opositores”.
Convertidos
Estamos en presencia de un poder autoritario que destituye a contrapelo de cualquier ley a quien le da la gana, que margina a los funcionarios que se le oponen dejándolos sin funciones, sin oficinas, sin salarios y prebendas y solo se les ve prosperar en sus vidas cuando aparecen resignados y vestidos con la camiseta rosado chicha de rigor y de vergüenza. ¿Dónde están todos los funcionarios liberales incorporados en el sistema electoral, que no se les oye por ningún lado? ¿Dónde están los liberales que decidieron quedarse inconstitucionalmente en sus cargos dizque para no perder espacios? ¿A eso mismo llegarán los pocos que acepte Ortega incorporar? ¿Quién a estas alturas cree que estos opositores van a llegar a cambiar las cosas?
Nada pasa
Este debería ser un momento importante para Nicaragua. No solo porque se está a punto de elegir a 54 altos cargos vencidos, sino porque también el Gobierno ha aceptado el diálogo que desde hace algún tiempo ha solicitado la Iglesia católica y estamos viendo en Venezuela lo que podría suceder en Nicaragua si seguimos así como estamos. Este debería ser el momento de reflexión, de inflexión, de cambio. Sin embargo ¿por qué esa extraña sensación de que nada está pasado, o, peor aún, que lo que está pasando es precisamente para que nada cambie en Nicaragua?
Madera
Y no es que yo esté en contra de que opositores ocupen cargos en el Estado. No. Lo que se pide es que dejen de ver esos cargos como un botín -—con salario, carro, combustible y secretaria incluida— y los vean como una responsabilidad, de la cual se debe estar dispuesto, inclusive, a salir a la dura calle o a la cárcel por cumplirla. Imagínese nomás qué pasaría si los líderes de la oposición venezolana estuviesen hechos de la misma madera de los opositores nicas. A la primera amenaza de cárcel, Leopoldo López hubiese aparecido “negociando” o convertido en un repentino chavista en una tribuna junto con Nicolás Maduro. Y veríamos a una María Corina Machado regresando humillada a su curul, porque “la calle está dura”. Y así ¿cómo?
Dilema
La pregunta es, ¿vamos a cambiar o seguir en lo mismo y esperar que todo estalle? Daniel Ortega extinguió a la oposición política, pulverizó la institucionalidad, desmontó y pervirtió el sistema electoral, acumuló riquezas a ritmo de vértigo y desnaturalizó al partido político que lidera hasta convertirlo en un instrumento familiar. Nadie, ni Somoza, pudo conseguir tanto en tan corto tiempo. El problema es que llegó al tope. Mejor de lo que está ahora ya no puede estar, y parece no darse cuenta que este es justo el momento en el que le quedan solo dos opciones: o se baja tranquilamente del caballo para disfrutar del poder y las riquezas acumuladas, o sigue inflando la chimbomba hasta que reviente.
Prueba de sinceridad
¿Qué esperamos de los obispos? Yo no creo que deban ser el partido de oposición que no son y que por el contrario los desnaturalizaría. Pero tampoco, esperamos que ellos aprovechen su posibilidad de interlocutores ante un poder sordo, solo para sacar ventajas propias, como lo ha hecho el Cosep durante estos últimos años. De la Iglesia esperamos una actitud cortés, pero valiente, que debería comenzar desde ya, pidiendo con energía una prueba de sinceridad: si la intención de conversar es honesta, que el gobierno posponga la festinada elección de cargos que se avecina, para que al menos escuchen lo que ellos tienen que decir antes que sea un hecho consumado este tema que podría ser la llave para una nueva Nicaragua.
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